El fantasma de todas las Navidades

05/12/2018
11:08
-A +A

Apenas comienza diciembre y el espíritu festivo inunda las ciudades con sus adornos navideños, las tiendas nos atacan con toda clase de productos rojos, dorados y plateados que aseguran regalarnos felicidad a cambio de unos cuantos (o cuantiosos) pesillos; los villancicos, norteamericanos y los tradicionales de nuestro país, se mezclan ya con los ruidos cotidianos de nuestros días.

Pasamos horas organizando posadas vía WhatsApp con los amigos, los del trabajo, los del gimnasio, etc. Las comilonas ya comenzaron y sus efectos nos durarán hasta entrado el próximo año. No se hable siquiera de las ventas nocturnas y las compras de pánico. Ya nos sabemos las rutinas decembrinas, cada año somos víctimas de lo mismo porque, por un lado, nos gusta, y por el otro, lo permitimos.

También nos pasa una y otra vez que olvidamos que hay miles de familias que no viven esas ilusiones, que no tienen cenas y menos recalentados. Mientras nos abrazamos en Año Nuevo, nos cruzamos de brazos ante la realidad que no cambia en nuestro país: la pobreza y las necesidades de muchos como nosotros.

Que esta sea la época de arranque de un nuevo estilo de vida. En San Luis Potosí hay muchas organizaciones civiles que trabajan en favor de gente con grandes necesidades. La Casa del Migrante no se da abasto. Dejemos de lado las polémicas recientes sobre las personas que van de paso por nuestro país y busquemos un par de zapatos que les ayuden a seguir su camino. Cáritas trabaja desde hace 35 años mediante diversas actividades. SEDESOL coordina numerosos comedores sociales en todo el estado y el DIF estatal tiene programas permanentes de ayuda voluntaria.

Seguro que el horno no está para bollos en casa de todos, pero comprar una lata extra de atún, un paquete de pasta, un kilo de frijoles cada semana, no nos quita el alimento de la boca, al contrario, nos llena el espíritu cuando compartimos con quien menos tiene. Podemos hacer costumbre donar un poco cada cuando o más seguido si tenemos la posibilidad. ¡Qué mejor forma de mostrar gratitud por lo que tenemos que dar una parte a los demás!

Ojalá que la lista de deseos de este año incluya felicidad para más gente, aunque no sepamos su nombre, y que cuando los adornos vuelvan a las cajas, el arbolito se guarde o recicle, lo que quede vivo del espíritu navideño sea la alegría de dar, no la de recibir.

 

"Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Soy lectora, vinófila, ciclista y peregrina jacobea."

Comentarios