07/01/2019
12:03
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Junto al altar, en la parroquia de La Candelaria, en Coyoacán, está la fotografía de un joven de 35 años que hace exactamente un año murió asesinado. Son las tres de la tarde del domingo 6 de enero de 2019.

El sacerdote que oficia la misa lee un fragmento del libro de Isaías. En el templo, abarrotado de gente, flores, cirios, familiares y amigos de la víctima rezan y lloran.

El sacerdote dice que “las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos”. Agrega, sin embargo, que “ha llegado la luz y la gloria del Señor alborea sobre ti”.

Mientras transcurre la misa, miro la foto de José Gerardo Martínez Arriaga.

José Gerardo era editor del Servicio Universal de Noticias, SUN, la agencia noticiosa de EL UNIVERSAL. La noche de Reyes de hace un año salió del periódico poco después de la una de la mañana. Antes de dirigirse a su domicilio, hizo una parada en el tianguis de La Bola, en Coyoacán, para comprar algunos regalos para sus sobrinos.

Una cámara registró poco después la imagen de una persona que trastabillaba por una calle oscura, oprimiéndose el vientre. Era José Gerardo. Tenía una bala en el cuerpo. Se la había metido uno de los tripulantes de una motocicleta de pista, de color blanco, en la que viajaban dos jóvenes de entre 20 y 25 años.

José Gerardo llevaba una bolsa de regalos en las manos —la policía encontró luego entre sus pertenencias “una muñeca tipo Barbie”, y finalmente se desplomó. Un hombre presenciaba la escena sin intervenir, como si hubiera quedado inmovilizado.

La motocicleta blanca se alejó de aquella esquina —Nahuatlacas y Rey Nezahualcóyotl, colonia Ajusco— y desapareció en la noche. Para siempre se perdió en la noche.

Vi el video de aquel joven que buscaba un lugar dónde meterse. Lo vi caer de espaldas con las palmas oprimiendo el vientre. Lo vi quedarse quieto con la cara vuelta hacia un cielo oscuro. Hay cosas que uno recuerda para siempre, y yo he recordado aquello muchas veces, muchas noches.

A José Gerardo lo recogió una patrulla y lo trasladó al hospital de Xoco. Sobrevivió solo 85 minutos. La noticia de su muerte le fue entregada a su madre y a su hermana de manera brutal: “¿No le han dado información de que su familiar ya falleció?”.

La procuraduría de Miguel Ángel Mancera se comprometió a analizar las cámaras de vigilancia de la zona, pero las semanas y los meses pasaron y no hubo un solo avance.

A los deudos las autoridades les pidieron que compraran un USB a fin de que la policía pudiera copiar y analizar el video; más tarde les solicitaron dinero para fotocopias —entre otros asuntos relacionados con el expediente.

Al final les recomendaron, si es que querían que la investigación avanzara, que ellos mismos preguntaran entre los vecinos del barrio si acaso habían visto o escuchado algo.

Ahora estamos en La Candelaria, en la misa que conmemora el primer aniversario de todo aquello. Los encargados de la investigación aseguraron que a través de las cámaras habían seguido la motocicleta hasta calles de Iztapalapa. Dijeron que los agresores se dedicaban al robo de transeúntes, y de pasajeros en unidades de transporte público. Dijeron que los asesinos se dedicaban a la venta de droga, y señalaron que las imágenes del video iban a servir para dar con los responsables.

Nada de eso ocurrió. Por el contrario, la fiscalía de Coyoacán envió la carpeta a Benito Juárez. Y luego, la fiscalía de Benito Juárez envió la carpeta a Cuauhtémoc. A la familia de José Gerardo solo le dijeron que esto sucedía “por inconsistencias”.

Según Andrea Martínez, hermana del periodista, en Benito Juárez alegaron que no les habían enviado el video. Y en Coyoacán declararon que el video ya había sido enviado, “y que ellos ya no tenían nada”.

El gobierno que prometió resolver el caso salió. Se lavó las manos. Y desde luego, el gobierno que viene entrando carece de toda idea sobre lo sucedido.

Es un caso emblemático. Los asesinos seguirán robando y matando.

Mientras tanto, el sacerdote lee a Isaías: dice que las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos, y que sin embargo ha llegado la luz, y la gloria del Señor alborea sobre ti.

Los familiares y amigos de José Gerardo rezan y lloran.

 

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