PRI, la amante esquiva de Meade

En noviembre pasado, José Antonio Meade mantuvo reuniones de estrategia política en su casa de Chimalistac, al sur de la ciudad de México, con un cercano grupo de amigos y colaboradores con los que analizó escenarios.
Compartir
10/04/2018
11:24
-A +A

Meses antes de ser presentado como abanderado del PRI, en noviembre pasado, José Antonio Meade mantuvo reuniones de estrategia política en su casa de Chimalistac, al sur de la ciudad de México, con un cercano grupo de amigos y colaboradores con los que analizó escenarios, entre ellos conquistar la candidatura.

Ese equipo sostuvo encuentros semanales que luego se volvieron diarios. Lo que vino después demuestra que no fue debidamente previsto lo complejo que sería convencer a la “nomenklatura” priísta de actuar juntos para conservar la Presidencia de la República

Abundante en economistas, el equipo decidió planear, medir y evaluar todos los procesos y sus etapas. De acuerdo con fuentes de primer nivel consultadas por este espacio, una encomienda que dictó antes del “destape”, por ejemplo, fue mapear cómo fueron las 72 horas posteriores a una postulación presidencial en los últimos 40 años, a partir de Luis Echeverría, incluidos los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón. Ello dio pauta para la marcha triunfal protagonizada por Meade en foros priístas desde el primer día de su designación como precandidato. 

Pero la verdad es que el PRI ha sido una amante esquiva para Meade. Durante meses, el ahora candidato debió negociar, en términos hasta ahora desconocidos, para pactar con gobernadores, líderes del oficialismo y otros personajes, lo que de entrada implicó no tener más que una injerencia marginal en las candidaturas para múltiples posiciones electorales, las cuales quedaron en manos de Los Pinos, los mandatarios estatales, cabezas de los partidos aliados (Verde y Nueva Alianza)  y otras figuras. 

A ello se sumó la errática dirigencia de Enrique Ochoa al frente del Institucional, que sumó inexperiencia, soberbia y el tacto de un elefante. Todo esto quedó resumido en sus tuits contra los “prietos” militantes de Morena, a inicios de febrero pasado. A lo largo de semanas, la casa presidencial y la campaña de Meade analizaron la eventual remoción de Ochoa e incluso se preparó su relevo con José Calzada, ex gobernador de Querétaro y ex secretario de Sagarpa. El temor de desatar algunos acuerdos ya anudados le salvó a Ochoa el cuello, al menos hasta ahora. 

Otro frente de complicaciones lo provocó la tensión en el grupo cercano al ex secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien disputó a Meade la postulación. Ser derrotado fue un doble afrenta para Osorio, pues vio en Meade un aliado de Luis Videgaray, con quien se confrontó desde inicios de la administración Peña Nieto. El ahora candidato, se aseguró a este columna, ha convencido a Osorio de que no forma parte de esa pelea.

A ello siguió la conformación de los “cuartos de guerra” de la campaña, formados por personajes provenientes de varios equipos, desde luego del candidato y de Los Pinos. Un indicio de falta de avenimiento fue el surgimiento de apodos hacia uno y otro lados. Se habló entonces de La Gárgola, de Bety la fea o de La Neurona. El propio Meade debió influir para crear sentido de equipo. 

Todo lo anterior, y mucho más, retrasó la entrada en acción de la proverbialmente aceitada máquina electoral del PRI. Ello se refleja en las sucesivas encuestas publicadas, donde se ve a Meade en un lejano tercer lugar, por debajo de Andrés Manuel López Obrador y de Ricardo Anaya

Miembros del equipo del candidato presidencial de la alianza PRI-Panal-Verde hablan ahora de que sus propias encuestas (que, hay que asumir, son más profusas que el promedio), sumadas a rastreos digitales, lo colocan con una apretadísima ventaja sobre Ricardo Anaya, abanderado del frente que incluye a PAN-PRD y Movimiento Ciudadano. Esto discrepa de la mayor parte de los estudios publicados recientemente, incluido el presentado ayer por EL UNIVERSAL-Berumen. 
           
A Meade le urge colocarse en segundo lugar, desbancando a Anaya a un claro tercer sitio. Y luego acortar la ventaja que tiene sobre él López Obrador, que en algunos reportes es de 2 a 1.
           
Cumplido ya el 10 por ciento de las campañas, las probabilidades de Meade siguen obrando en su contra. Modelos estadísticos serios arrojan que López Obrador tiene hoy 75 por ciento de posibilidades de ganar. Si esto fuera un juego de dados, la apuesta única de Meade supondría poner todas sus fichas a un solo tiro y sacar el 6. O que un experimentado jugador de futbol falle un tiro penal. Puede ocurrir, pero es muy poco probable. 
           
Operadores de la campaña de Meade consultados coinciden en que para conservarse con vida en las siguientes semanas sería vital al mismo tiempo un agudo declive de López Obrador y un crecimiento sostenido de Meade, sin falla ni caída algunas. Recuerdan que en la contienda del 2012,  el entonces candidato Enrique Peña Nieto perdió 10 puntos en unos días tras su choque con estudiantes de la Universidad Iberoamericana, del que derivó el movimiento #soy132. 

Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Diplomado por la Northwestern University en Administración de Empresas Periodísticas.

Compartir

Comentarios