21/05/2018
04:14
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Hoy me levanté y era una mañana más tranquila de lo normal. Los gorriones no cantaban y la luz del sol no alumbraba con la mima intensidad. No sé por qué haya sido, pero lo que sí puedo adivinar es el motivo por el que yo no percibía tan bien el ambiente: era mi discreto desconsuelo producido en la noche de ayer. Y no me refiero al debate presidencial –que también me dejó consternado–, sino a la insolvencia que tuvo el Toluca para ser campeón.

Verán, a pesar de que durante la mayoría del torneo los rojos tuvieron constancia, hubo descuidos repetitivos que se manifestaban con frecuencia, pequeños traspiés que no se atendieron y que pasaron desapercibidos. Desafortunadamente esos errores estuvieron ocultos por una sombra desequilibrada, una que solo revelaba los buenos resultados en conjunto con las excelentes individualidades que tuvo la escuadra.

Y cuando solo se mejora lo bueno, sin ocuparse de lo malo, se crea un desnivel futbolístico que te muestra dos contrastes, tal y como lo demostraron los jugadores de Hernán, que durante una liguilla de seis cotejos –idas y vueltas– solo pudieron ganar en uno de ellos. Algo increíble para una cuadrilla que obtuvo el liderato del torneo y tan solo 3 derrotas en el certamen.

Puedo decir que ya mostraban síntomas de que algo no estaba bien. Desde aquel encuentro de Final de Copa no pudieron concretar opciones de gol, lo único que se obtuvo fue un áspero autogol cual uña en el pizarrón.

Ya en liguilla, dos empates en cuartos de final contra Morelia –el segundo de ellos en la Bombonera, perpetrado en los últimos dos minutos de juego, inverosímil por más benévola que se pueda considerar cualquier adversidad–, en Tijuana una derrota para después volver al Estado de México y ofrecer contundencia, misma que se extrañó en los dos juegos de la final.

En cambio los laguneros fueron de menos a más. En la misma competición de Copa tuvieron la oportunidad de llegar a la final cuando se midieron ante Necaxa en Aguascalientes, y a pesar de que sus aspiraciones terminaron en las semifinales demostraron personalidad en cada juego siguiente.

Tigres, América y Toluca fueron las pruebas que Siboldi venció junto con sus Guerreros en aproximadamente 6 meses de dirección técnica. Algo poco visto en el futbol mexicano y que nadie debe menospreciar, el esfuerzo del conjunto latió durante toda la temporada sin ser presuntuoso.

Eso sí, tanto el partido de Torreón como el de Toluca fueron dignos de una final. Dos planteles que de verdad querían el título, que evidenciaron apetito por el mismo futbol y que brindaron emociones de encantamiento a todos sus aficionados en los estadios y fuera de estos.

En mi caso, tengo que agradecer a mi equipo por todo el arrojo que sudó en la campaña. Tal vez no fue suficiente para algunos pero para mi sí lo fue. Y es algo que solo entenderán las personas que han estado en mi posición. Al Toluca se le fueron dos títulos en menos de dos meses y aún así creo en el equipo, creo en la grandeza que han forjado y en que pronto el trago amargo se convertirá en experiencia de fortaleza.

Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, y esto es futbol, así que con toda certeza nos tocará ser testigos de una nueva época escarlata, solo hay que tener paciencia y dejar que el tiempo haga su trabajo, pero claro, mientras eso suceda, las diabluras seguirán vigentes.

Por cierto, hoy después de levantarme vi la ventana cerrada y, al abrirla, me percaté de que el gorrión estaba en plena melodía al alba. Con respecto a la luz, era solo una nube pasajera que quiso hacerle reverencia al sol, por lo que aquel momento se transformó en mi normalidad esperada, en mi rojo amanecer.

 

Aldo Casas

Aldo Andrés Casas Bravo es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UASLP.

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