11/06/2018
03:21
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No sé qué pensar sobre las coincidencias. Podrían ser como los lados de una moneda, hay veces que pueden ser para bien y hay otras que surgen para mal. En estos momentos mi cabeza quiere pensar que lo que les voy a contar es una casualidad, más producto de lo circunstancial que de la brujería misma, a la que no debemos prestar atención por más profética que pueda parecer. Les platico.

Justamente a punto de iniciar la verborrea que mi conciencia desemboca en estas líneas, encontré un evento extraordinario en la televisión que me motivó a compartir la ficción de la que era preso: la selección mexicana de futbol ganaba por la mínima diferencia al conjunto alemán en Copa del Mundo. Esto ya ocurrió, no era mi imaginación ni era un sueño.

Al instante en que mis pupilas pudieron reaccionar sobre la situación en cuestión, mi mente se trasladó a esa tarde en el estadio Castelão donde la coincidencia era íntegra, un gol sujetaba las aspiraciones aztecas de calzar los cuartos de final. No obstante, la eventualidad del cotejo que observaba por tv fue la misma que la de hace cuatro años: una remontada en los minutos agónicos del partido dejaron con sofoco a cuanto feligrés lo veía.

Son 20 años del partido efectuado en Francia, del encuentro donde Cuauhtémoc y Luis Hernández condensaron una jugada preciosa para desbordar las ilusiones a un océano de distancia. Bendita cabellera dorada la que se agitaba mientras los cañones guturales de todos los mexicanos estallaban con el grito del gol.

Estoy casi seguro de que algo supra-humano tejía el destino de los aztecas. Abrir el marcador a tu favor y posteriormente generar una jugada con el “Cabrito” Arellano para golpear el poste es inaudito. Pero más inaudito incluso, y que sigo sin encontrarle explicación, es la falla que tuvo el mismo Luis frente al arco minutos después. Pudo ser el dos a cero, la sepultura de cualquier orden mental y el nacimiento de un país ingobernable.

Tal como en la película “The Sandlot”, si no sabes quién es George Herman Ruth Jr. estás frito y refrito, Smalls. En esta situación si no sabes o subestimas a los alemanes estás más allá del infierno. Y si vamos a recordar abismos les pongo sobre la mesa el calvario que padecimos de nueva cuenta un 29 de junio, ahora del 2017.

¿Coincidencia? No lo sé, pero ha sido demasiado. En esa misma fecha nos fuimos de Brasil porque #NoEraPenal y tres años después nos humillaron en Sochi porque #RotacionesOsorio. El verano solo ha sentado bien con copitas económicas y trofeos en rebaja a cómodas mensualidades.

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Sus primeros tres partidos serán ante Alemania, Corea y Suecia.
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Mucho se ha hablado del técnico, los jugadores y los directivos actuales, pero en aquel Mundial del ’98 la selección tenía un verdadero equipo de álbum. Se remontó en los tres partidos de fase de grupos donde, por cierto, se ubicaba Corea del Sur, igual que en esta edición.

México ha descifrado varios retos de buena manera y el ejemplo claro de las adversidades fue aquel año en Francia. Un equipo sólido que supo sacar el orgullo y la personalidad ante los inconvenientes futbolísticos que se presentaron en los tres primeros cotejos. Tal vez no administraron el enfrentamiento contra los alemanes pero al menos hubo demostración de colectividad y de temperamento, algo que le hace mucha falta al plantel vigente.

Me he guardado la última coincidencia para el desenredo de mis pensamientos. Fue un 18 de junio de 2016 cuando la selección tocó fondo, el día que la incredulidad y el arrebato se combinaron para desacreditar la goliza que recibíamos ante Chile. ¿Por qué es una coincidencia? Bueno, es una mera aproximación de fechas, México debuta ante Alemania éste domingo y al día siguiente se cumplen dos años de las caras caídas en aquella Copa América Centenario.

Como ya lo he escrito, el futbol te da revanchas, pero pareciera que a los mexicanos no nos gusta esa frase. A pesar de tener la posibilidad de dar certeza a dichas palabras preferimos vivir en el lamento y la resignación, como si quisiéramos demostrar que el futbol nos desprecia. Un refugio de pretextos que no cabe en el deporte.

Ojalá que los jugadores hayan aprendido las lecciones de la cancha, las enseñanzas que se han convertido en cicatrices de veteranía, porque esa experiencia es la que te permite construir a partir de los derrumbes. Un gran desafío que tendrán que vencer los tricolores para autentificar que son “la mejor generación de futbolistas”.

Muchas son las casualidades en este universo numérico, pero lo importante es no culpar al azar. Prefiero dejar de lado las fatalidades para disfrutar el gran espectáculo que ofrece el futbol. A fin de cuentas el destino es forjado en el presente y lo que nos ha sucedido en el pasado es producto de meros veranos coincidentes.

 

Aldo Casas.

Aldo Andrés Casas Bravo es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UASLP.

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