Grecia batalla hace décadas por recuperar los relieves del Partenón que se exhiben en Londres. Egipto hace lo mismo con el célebre busto de Nefertiti que se conserva en el Museo Egipcio de Berlín.

Y, desde hace unos días, un pequeño pueblo andaluz le declaró una batalla nada menos que al Museo del Louvre para que le "devuelva" el llamado "Bronce de Lascuta", de más de 2 mil años de antigüedad, que exhibe en su departamento de Antigüedades Griegas y Romanas.

"No queremos desatar un conflicto diplomático, pero eso es nuestro y nos lo tiene que devolver", explicó a La Nación el alcalde al frente de la nueva cruzada, Javier Pizarro.

Lo que está en juego es una tablilla de bronce de 24 por 14 centímetros, con una argolla lateral. Data del año 185 a.C y constituye el primer registro de escritura en latín arcaico en toda la península. "Una auténtica joya", dice Pizarro.

El derrotero de la pieza siguió el de muchas otras que hoy se exhiben muy lejos de su lugar de origen. Casi un calco de los reclamos que se hacen a los principales museos del mundo.

En su caso, fue encontrada en lo que hoy se conoce como Alcalá de los Gazules, un pueblo andaluz situado muy cerca de Jerez de la Frontera, en las últimas estribaciones de la Sierra de Cádiz.

Un enjambre de casitas blanquísimas que se escalonan en la ladera del cerro; entre el verde de la sierra y el azul de la costa gaditana que aloja a poco más de 5 mil pobladores. En esa región fue hallada la tabla de la disputa.

Los historiadores dicen que fue entre 1866 y 1867. La encontraron unos obreros que no tenían idea de lo que era.

Un ingeniero polaco que trabajaba en la zona, que sí lo sabía, se las compró y luego la llevó a París, para terminar negociado su venta al Louvre. "Es que ellos no sabían lo que era, en cambio el hombre este sí lo intuyó", explicó el alcalde.

Decreto liberador

La tabla recoge un decreto romano por el que se liberaba a los habitantes de la zona de la servidumbre a la que estaban obligados por Astiga Regia, una ciudad que se ubicaba cerca de lo que hoy es la de Jerez.

El gesto era un agradecimiento de la autoridad romana por la ayuda de los pueblerinos en la contención de una revuelta contra el imperio con cabecera en Roma.

Como suele pasar en estos casos, durante muchos años la historia cayó en el olvido. Pero, en los años ochenta, un afán revisionista la rescató de los archivos e incluso se hicieron algunas gestiones para intentar recuperarla.

"Ya una vez probamos que el Louvre la devolviera. Hicimos un pedido pero lo único que conseguimos fue que nos enviaran una copia", dijo el alcalde. "Por supuesto, la tenemos en exhibición. Pero nos gustaría tener la verdadera. Primero, porque es de aquí y segundo porque aquí le daríamos el lugar que le corresponde, mientras que en ese museo tan grande la verdad es que pasa inadvertida y nadie le presta mucha atención", señaló.

Pese a que los antecedentes no alientan la esperanza, el socialista no pierde la ilusión. "Ya hemos restaurado la Torre del Homenaje -una fantástica ruina en lo alto del cerro- para poder exhibirla allí", dijo.

Conscientes de su pequeñez, el regidor pidió ayuda a todas las instancias: la Diputación de Cádiz, la Junta de Andalucía y el gobierno nacional para que sumen en el empeño. "El no ya lo tenemos", dice.

Antecedentes desalentadores

Sabe que otras instancias llevan años de infructuosa disputa. Tal el caso del reclamo griego para que el British Museum restituya los llamados "Mármoles Elgin", como se conoce a los relieves del Partenón que un diplomático británico se llevó de la Acrópolis a comienzos del 1800.

O la pretensión del gobierno egipcio para que el alemán le devuelva el famoso busto de Nefertiti, que data de trece siglos antes de Cristo y que se exhibe en Berlín, luego de haber sido hallado por arqueólogos alemanes en la ribera del Nilo.

La lista acaba de aumentar no sólo con el reclamo andaluz sino también con el de Chile, que demandará a Londres la devolución de una de las célebres esculturas monumentales de la Isla de Pascua , en poder del Museo Británico.

Se trata del moai "Hoa Hakananai´a" -que en lengua de la isla significa "el amigo robado"- de poco más de dos metros de altura, que fue retirado de modo ilegal por un barco británico cuyo comandante lo regaló a la reina Victoria en 1869.

"Es un pedido que nos parece procedente", dijo el ministro de Bienes Culturales chileno, Felipe Ward. Además del Museo Británico, el parisino Quai Branly también cuenta con una de esas famosas esculturas.

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