Diana tiene 30 años, es bogotana, poeta y actriz. En los últimos 10 ha escrito poesía todas las noches, a mano, en más de 20 cuadernos que atesora en su casa. Tiene síndrome de Down y lo sabe, pero no es parte de su discurso. Prefiere hablar de la luna, el amor, la muerte y la soledad a través de la literatura. 

Este jueves celebra tres cosas: el día mundial del síndrome de Down, también el de la poesía y, en la tarde, lanza su primer libro: Anochecer.

Es una obra pionera en su género, elaborada con 114 poemas seleccionados de una vasta obra que comenzó en 2010 con un verso así: “Respiraba el aire y tu alma que se eleva como el viento / sobre el mar, la arena y los sonidos más suaves./ Es la naturaleza que suena, llueve la flor, se crece para la vida”.

Hablando con la luna

“En las noches escribo. Desde las 10 hasta las 12 y, si puedo, sigo hasta las 2 de la mañana”, cuenta Diana con picardía. Su madre, Martha Fajardo, ríe y agrega: “Aprendió a leer a los cuatro años. Yo quería que tuviera una buena vida, por eso invertí en educación desde que tenía ocho meses”.

En una visita a la biblioteca Julio Mario Santo Domingo conocieron a la Fundación Fahrenheit 451 y a los talleres de creación literaria El Despertar, dirigidos a personas en condición de discapacidad cognitiva.

Desde entonces, Diana empezó a crear. “Cuando estoy sola y leo estoy en el viento. La lectura es mi paz, nadie me mira ni me toca, mi alma fluye”, dice la poeta y muestra algunos de sus versos escritos a mano, cada uno etiquetado con un tema y la fecha en que fue escrito. Agrega que sabe hablar con la luna.

Poniendo orden al arte

En 2017, Diana comenzó a soñar con su primer libro. La Fundación se dio a la tarea de transcribir y clasificar en computador todos los poemas. Abrió una campaña de crowfunding en internet y emprendió un juicioso proceso de edición.

“Identificamos unas líneas temáticas que tiene su obra. De allí elegimos seis capítulos para el libro relacionados con la naturaleza, el amor, el desamor, la soledad, su relación con lo divino y sus cuestionamientos a la muerte”, explica Mauricio Díaz, editor del impreso y profesor de los talleres El Despertar.

A finales de 2018, la fundación buscó seis ilustradoras que interpretaran en imágenes la creación de Diana.

La diseñadora de la portada fue la artista Helena Melo, quien ha ilustrado libros de escritores de la talla de Jairo Aníbal Niño, Celso Román, Irene Vasco y Evelio Rosero.

“En este trabajo, quise interpretar a Diana como un ave que, a través de la escritura, abre unas alas enormes y vuela. Creo que así se libera de su cuerpo y de sus limitaciones físicas”, afirma Helena.

La escritora Laura Restrepo, ganadora del premio Alfaguara de Novela,también se animó a conocer la obra de Diana y escribir el prefacio.

Un cromosoma extra

Con este libro y casi una década de trabajo literario, Diana desafía los efectos de un cromosoma extra en su par número 21. Este trastorno genético le da unas particularidades en su físico y una discapacidad cognitiva leve. Diana, por ejemplo, poco puede con las matemáticas. Pero se las arregla con las palabras.

“Esto es una muestra de que lo que existe con las personas en condición de discapacidad son barreras y estereotipos externos que les impiden hacer. Nosotros buscamos que su obra sea un mensaje para padres con hijos así, para que se den cuenta de que las posibilidades son todas”, afirma Mauricio.

En esto coincide Norma Sánchez, de la Fundación Saldarriaga Concha: “La discapacidad surge cuando hay una interacción entre las limitaciones de las personas y las barreras del contexto. El lío está en la sociedad, no en estos jóvenes y adultos”.

Y este libro es todo, menos poesía infantil. Entre versos, Diana hace reflexiones profundas y establece diálogos con cosas que la aquejan o la conmueven. A veces, habla también con su madre: “Ya no puedo volver a la niña como antes, como tú quieres que sea, porque yo soy una mujer que ama”.

“Sueño con ser la mejor poeta de Colombia y que me conozcan como soy. Anochecer es el proyecto de mi vida”, agrega Diana.

Y su labor, desde el primer impulso, jamás se ha detenido, ni siquiera cuando le implicó dolor. “Tanta es su obsesión que de tanto escribir desarrolló una bursitis. Estuvo incapacitada y tuvo terapias. Con esfuerzo, cumplía con su cuota de poemas cada noche”, narra, divertida, su madre. Seguramente, mientras usted lee esto, Diana está hablando con la luna y soñando con su próximo libro

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