Se encuentra usted aquí

“Hay que aprender a vivir la vida y a disfrutarla”

Presenta su nuevo libro "Sabrás que fue la vida"; silencio y muerte, temas centrales de su obra, dice
Jill Begovich, escritora. (VALENTE ROSAS. EL UNIVERSAL)
09/11/2018
01:50
El Universal
-A +A

Jill Begovich es, sin duda, una de las escritoras más jóvenes que tiene nuestro país, por lo que su pluma se vuelve fresca y una caricia al alma, como lo es su reciente obra Sabrás que fue la vida.

En entrevista con EL UNIVERSAL, Begovich habla sobre esta novela, centrada en tres mujeres “que creen que el silencio es la mejor opción para sobrevivir, aunque a veces termine por arruinarlas.

“Todo el mundo tiene miedo a la muerte, aquí la celebramos, pero no reflexionamos lo que deja la muerte cuando alguien se va”, dice.

La escritora reconoce que al involucrarse con la tecnología en su carrera, como conductora de uno de los primeros programas sobre ese tema en televisión nacional, la jaló como una ola.

En este libro abordas fibras muy sensibles. En una de las historias que relatas tocas en un tris la sensibilidad de toda mujer...

—El caso de Luci es una situación muy fuerte, porque pierde a su madre a los 12 años en una caso muy dramático y la forma de llevar el luto, del que se queda como padre de familia y de Luci, es callar las cosas. Y es que callar mata, lo que no dices te destruye.

Pareciera que escribir es fácil, pero cuéntanos, ¿qué te inspiró a escribir esta novela?

—Sucedió en una noche de insomnio, provocado por cohetes de una fiesta patronal de un pueblito. La historia llega, pero lo hace con olores, con colores, con texturas.

Yo no le puse nombre a los personajes, los personajes ya estaban hechos y empiezo a escribir unas notas. Al día siguiente me despierto y eran seis párrafos que dieron forma a uno de los capítulos.

¿De las tres historias cuál fue la que más te gustó?

—La de Luci, porque todo el mundo tiene miedo a la muerte. Aquí la celebramos, pero no reflexionamos lo que deja la muerte cuando alguien se va.

Me llama mucho la atención que hables de “la gente de verdad”, cuando eres una chica completamente digital, con una gran comunidad en redes sociales, ¿qué te hace voltear a escribir un libro de forma física?

—Por azares del destino me empiezo a involucrar con la tecnología, creo este primer programa de tecnología en televisión nacional, soy curiosa por naturaleza, termino dando conferencias.

Pasa un tiempo en el que el primer pensamiento que tengo lo escribo en Twitter o subo fotos en mis redes sociales, me llegó a cansar y sólo yo podía poner una raya para tener mi privacidad y no lo estaba haciendo, se me fue de las manos y me dejé llevar por esta tecnología que te jala como una ola. Entendí que quería ser dueña de mi primer pensamiento de la mañana. Sin duda estamos atados a la tecnología, es nuestra herramienta de trabajo, pero hay que aprender a vivir la vida y disfrutarla, porque se nos va de entre las manos.

Estamos tan enfocados en proyectar nuestra vida perfecta, como lo hace Sara en el libro, quien es una mujer aparentemente perfecta, pero que vive un infierno terrible.

Entonces, al igual que sucede en esas redes sociales, de esas personas perfectas, que tienen cuerpos perfectos, las vacaciones perfectas, es una pantalla lo que crean.

En el caso específico de Sara, su realidad es muy fuerte...

—Es que la violencia de género es una constante en nuestro país y en el mundo.

El tema de la migración es una constante en el mundo, somos nómadas. Y esto no se puede normalizar.

El tema de la violencia de género hay que verlo de los dos lados, no se puede nada más poner etiquetas y lo que tenemos que hacer es quitar las etiquetas de hombres contra mujeres, todos somos seres humanos.

Por último, tenemos el caso de la migración de Flor...

—Ella es una indígena Otomí, es el personaje que se supera a través del amor, del apoyo de su nieta y por sus propias ganas de dejar todo atrás y hay una similitud con Sara, porque ella quema los puentes de sus raíces y eso le provoca una terrible soledad.

Aquí vemos la migración del otro lado, porque siempre nos veíamos como víctimas. Pasamos de ser un país expulsor de migrantes a uno receptor y hay que vernos en el espejo.

Jill, puedes darnos una última reflexión sobre este libro…

 

—Si están en una situación de tristeza, que necesitan hablar, pero no se atreven y si este libro les va a dar el empujoncito para que salgan de una relación tóxica, estaría perfecto.

Comentarios