Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2010, elaborada por la Comisión Nacional de Prevención de la Discriminación (CONAPRED), tres de cada diez  personas adultas mayores dijeron que sus principales problemas son laborales.

Cerca de seis de cada 10 personas adultas mayores señalaron que sus ingresos no son suficientes para cubrir sus necesidades, casi siete de cada 10 creen que es muy difícil recibir apoyos del gobierno y nueve de cada 10 considera que para la gente de su edad es muy difícil conseguir trabajo.

Juan Daniel tiene 67 años, es jubilado y durante gran parte de su vida fue maestro, pero la pensión no es suficiente para sobrellevar una vida de calidad. Explicó que actualmente lo que recibe de pensión es insuficiente para vivir, además de que se siente capaz  físicamente para ejercer un empleo. "Es muy difícil porque las empresas ya no se quieren comprometer a dar seguros a pagar prestaciones y todo esto", relató.

Juan Daniel, aseguró que es triste que en México aún existan profesores con pensión muy bajas y tengan la necesidad de encontrar algún otro empleo.

"No pues mucha alegorías de estar educando a los muchachos de estarles enseñando lo que uno sabe, pues específicamente no es un empleo de mostrador de registro".

Entre 2011 y septiembre de 2017, CONAPRED calificó 196 expedientes como presuntos actos de discriminación relacionados con personas adultas mayores.

Entre los derechos vulnerados, el más frecuente fue trato digno (57 por ciento  de los casos), seguido por el trabajo (40 por ciento) y la igualdad de oportunidades (27 por ciento).

El 7.2 por ciento  de los mexicanos son personas mayores, con 65 años o más. La discriminación estructural hacia este sector es causa de pobreza, y al mismo tiempo la acentúa. Se sabe, por ejemplo, que los ingresos derivados de un trabajo bien remunerado son la forma más efectiva para salir de la pobreza, pero las personas adultas mayores no tienen muchas posibilidades de acceder a un empleo, porque empresas y gobiernos las consideran poco productivas (en el mejor de los casos) o inútiles (en el peor).

Martín es un hombre de 67 años y anteriormente llegó a tener a su cargo el departamento de recursos humanos de una empresa. Pero debido a  su edad fue jubilado aunque ha decidido buscar un empleo, no por lo económico sino por la necesidad de seguir siendo productivo ante la sociedad.

"Mi profesión fue licenciado en relaciones industriales y manejé desde jefe personal en recursos humanos en empresas importantes",  recuerda.

Ambos adultos mayores son profesionistas, con necesidades diferentes en la vida, pero enfrentan las mismas faltas de oportunidad para emplearse a una edad en la cual ellos se sienten bien físicamente para ejercer.

Esto las ha marginado a trabajos precarios, informales o mal remunerados. Al no tener ingresos suficientes ni seguridad social, la mayoría de las personas adultas mayores depende casi por completo de su familia y del estado, pero ellos también las discriminan.

maria.hernandez@clabsa.com.mx

vkc

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