26 / septiembre / 2021 | 13:55 hrs.

AMLO: sus 100 días y sus peores enemigos

Ricardo Rocha

Formalmente fueron 100, pero podría haber informado sobre los 252 días que lleva gobernando desde el domingo 1 de julio en que ganó la elección como presidente de México. El caso es que Andrés Manuel López Obrador, que está reinventando al país, inventó él mismo esta fecha que antes no existía en el calendario político nacional.

Por lo pronto, en la forma, fue una demostración más del poder quasiomnímodo que ahora ostenta. Porque, aunque no hubo la escenografía faraónica del pasado inmediato, sí se concentró en el Palacio Nacional la crema y nata del poder político y económico.

En cuanto a la sustancia y sin llegar a la autocomplacencia, AMLO abundó en sus logros: el combate a la corrupción con el ejemplo del huachicoleo; sobre reformas legislativas, la Ley de Extinción de Dominio, la consulta popular, la revocación de mandato y la creación de la Guardia Nacional, indispensable para bajar los índices delincuenciales que hasta ahora —reconoce— no se han logrado disminuir.

Fue, sin embargo, la economía el tema que más minutos se llevó en la hora y veinte que duró un mensaje que ya se pareció un poco más al de un hombre de Estado y menos al de un candidato en campaña: “La economía está en marcha y aunque crece poco, no hay ni asomo de recesión… quienes pronostican un retroceso se van a quedar con las ganas”. Por lo pronto, contó con el apoyo del icónico empresario Carlos Slim, quien ahí mismo pidió paciencia: “Apenas van 100 días…y ya hay avances… el gobierno ha hecho un trabajo muy intenso de frente a la corrupción y al crimen; ha habido un aumento razonable al salario mínimo y los apoyos a las mayorías y los planteamientos generales de combate a la pobreza han sido muy importantes”.

A propósito, no hubo ni en su informe ni en su visión de futuro inmediato, ninguna señal de que López Obrador quiera dar un golpe de timón al actual modelo económico. Más bien crece la resignación de que en su gobierno la política seguirá imponiéndose a la economía y la percepción a la lógica. Y el ejemplo más acabado sigue siendo la cancelación del aeropuerto de Texcoco que, a pesar de su alto costo, “es la mejor decisión que pudimos tomar, porque saldría mucho más caro su mantenimiento”. Así que ya no fue la corrupción que se argumentó hace apenas unos meses, ahora son los hundimientos; “Lo puedo probar” dijo, aunque no lo ha probado.

A ver: la cancelación de un aeropuerto “hub” de la dimensión de Texcoco nos costará mucho más de los 150 mil o 200 mil millones de pesos. Porque desde ya, perdimos miles de millones de dólares por el impacto negativo entre inversionistas y las calificadoras ahora tan descalificadas. En sentido contrario, no hay un solo argumento sólido en favor de un sistema de aeropuertitos del actual, con Toluca y la quimera de Santa Lucía, que ha sido hasta repudiado por expertos y todas las entidades internacionales que tienen que ver con la navegación aérea.

En cambio, lo que prevalece es la desaparición del pasado inmediato, con decisiones como las tomadas sobre estancias infantiles y refugios para mujeres víctimas de la violencia.

Por cierto, sobre los niveles de preparación, capacidades y eficiencia de funcionarios de su gobierno, hablaré la próxima entrega. Porque estoy convencido de que una variante de la corrupción es aceptar un cargo para el que no se está preparado.

 

Periodista. ddn_rocha@hotmail.com