13/06/2019
10:07
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Las elecciones, a veces, son la venganza del ciudadano. La papeleta es un puñal de papel.”

David Lloyd George.

Arrastramos un pasado de fraudes electorales, el México “institucional” parido por el priato desarrolló complejos y groseros sistemas que le garantizaron el triunfo por décadas: mapachismo, embarazo de urnas, intimidación, acarreo, masacres a electores opositores, homicidios políticos y hasta magnicidios… Sí, la historia patria electoral está embarrada de todo, salvo democracia.

Curiosamente, con la llegada de la era “neoliberal”, que ha satanizado el presidente López, también llegó la era de las votaciones reales, de la transparencia que sustituye al demagogo por elementos de prueba y ciencia, elecciones organizadas por y para ciudadanos con miles de candados técnicos y jurídicos que eviten el fraude electoral sin importar la tentación autoritaria del gobernante en turno.

El Presidente quizá podrá ordenar cambiar la historia a su capricho pero, por más empecinado que sea, no podrá transformar la realidad: López Obrador fue derrotado, por casi nada, en 2006 en la elección más reñida de la historia y de nueva cuenta, con mayor margen, tal vez en castigo a su radicalismo, en 2012.

Sí, el Presidente perdió dos veces y ganó la última en el mismo sistema que ahora quiere cambiar a su capricho ideológico, seamos francos, que ahora quiere desmantelar.

A López no le gustan los órganos autónomos, no le gusta nada que brille tanto como para que lo opaque, será el Presidente con más votos en la historia pero también ha demostrado ser el más autoritario de los últimos años, los diques que separan al populista del dictador están cimbrados, justamente, en un sistema electoral legítimo que pueda garantizar a la ciudadanía el castigo o el premio a sus gobiernos, que proteja el derecho inalienable del pueblo para firmar su destino.

Sí, la democracia mexicana es muy cara, una de las más caras del mundo, en gran parte por el pasado que generó a pulso la desconfianza que aún hoy priva en el imaginario nacional.

2018 nos costó un poco más de 500 pesos por voto, casi 30 mil millones de pesos que suman la operación del Tribunal Electoral, del INE y el financiamiento público a partidos políticos que, por cierto, fue de poco más de 6 mil millones, más claro: la mayor parte del presupuesto fue usado para la organización de la elección y no para los partidos.

Todos estamos a favor de ahorrar y en contra del dispendio, pero hay ahorros que salen muy caros, la propuesta de Morena, con mayoría en el Congreso, para reformar la ley electoral ha levantado preocupaciones entre los defensores de la democracia.

Reducir el presupuesto del INE de forma tan ridícula como se ha reducido a otros organismos autónomos llevará al colapso del sistema comicial y al previsible posterior fracaso de la institución.

Recordemos que la democracia sí tiene vueltas atrás, sin mucho rollo podríamos regresar, a punta de machetazos presupuestales y necedades, a los mejores tiempos del priato.

¡Vaya primor! 

DE COLOFÓN.- Grupos de defraudadores ligados al crimen organizado están prestos a armar una campaña de desprestigio contra los congelamientos de cuentas… Van a fracasar muy rápido, la lucha contra el lavado va en serio.

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