27 / septiembre / 2021 | 09:09 hrs.

Cuando se vuelve invisible la brutalidad

Héctor De Mauleón

Ballesteros propinó a su pareja y a su suegra: una lluvia de patadas, puñetazos, ganchos, azotones, jalones de cabello e incluso visos de ahorcamiento

El domingo 27 de septiembre de 2020, una de las tantas golpizas que Raybell Ballesteros Corona, tío de la exsecretaria de la Función Pública Irma Eréndira Sandoval Ballesteros, propinó a Mariana, la madre de sus hijos, quedó grabada en una cámara de seguridad.

Raybell había golpeado a su pareja desde 2013, cuando estaba embarazada del primero de los niños. Cuatro años más tarde los vecinos detuvieron una nueva agresión al pedir el auxilio del servicio de seguridad del fraccionamiento en el que vivía la pareja.

En esa ocasión, Mariana terminó con un pase médico en el hospital Gea González. “No hubo denuncia: nos separamos y llegamos a un acuerdo”, relata.

Volvieron a ser pareja en 2018. Ese año, Ballesteros agredió de nuevo a Mariana mientras conducía, en estado de ebriedad, en el Periférico. En medio de la golpiza que le estaba propinando, perdió el control del vehículo y se estampó contra otro auto.

Se separaron definitivamente en 2019, aunque procuraron mantener cercanía en beneficio de sus hijos, que entonces tenían 3 y 5 años de edad.

Aquel domingo de 2020, Ballesteros había comido en la casa de ella. Al caer la noche, discutieron por algo. Ella vio en los ojos del otro lo que iba a ocurrir: “Tenía esa mirada de cuando iba a agredirme”.

Ella encerró a los niños en su cuarto, tomó las llaves de los autos y se escondió en el baño de visitas. El portón de entrada estaba cerrado.

Ballesteros creyó que Mariana se había ido de la casa, así que llamó por teléfono a la madre de esta para que fuera a abrirle. “Cuando oí que mi mamá había llegado, salí”, relata Mariana. Él estaba a punto de llevarse a los niños. “Le dije que no iba a llevarse a mis hijos”.

De ese modo vino lo que se vio en el video que más tarde se viralizó: la agresión de Ballesteros, primero a ella, y luego a su madre, de 70 años, quien se había interpuesto para evitar que golpeara a su hija: una lluvia de patadas, puñetazos, ganchos, azotones, jalones de cabello e incluso visos de ahorcamiento.

“Me tomó del cabello azotándome contra el piso y contra la pared, y cuando estaba en el piso me golpeó con el pie en el estómago”, declaró Mariana esa misma noche en la agencia del ministerio público de Tlalpan.

La carpeta 00999 quedó abierta por violencia intrafamiliar.

La suya fue, sin embargo, una carpeta que no avanzó.

Las que sí avanzaron fueron las que Ballesteros abrió. Primero, una por violencia intrafamiliar en la que la víctima era nada menos que él. Y luego, otra por violencia contra los niños.

Mariana, abogada de profesión, admite:

“Eso es algo que no voy a negar y que voy a cargar siempre. Estábamos metidos en un círculo tóxico: yo también bebía y les gritaba, y les decía groserías a los niños”, relata ella.

Solo que, a diferencia de la denuncia de ella, las de Ballesteros sí encontraron cauce.

“No he vuelto a ver desde esa noche a mis hijos –relata la abogada–. Y de pronto, todo se volvió en mi contra. Quedé formalmente imputada de violencia intrafamiliar en modalidad de daño psicoemocional en contra de uno de los niños. Me obligaron a ir a firmar cada mes, a tomar sesiones con un psicólogo, a pagar las terapias sicológicas a las que Raybell tiene que llevar al niño. El peor castigo: me impidieron acercarme a mis hijos”.

Agrega:

“Yo acepté todo: había sufrido años de violencia y maltrato y sabía que tenía que rehabilitarme en todos sentidos. Tenía que componerme, así que cumplí con todo”.

Pero no bastó y no quedó ahí. Ballesteros, entonces director de área en el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, INAI, logró que la juez 11 de lo familiar obligara a Mariana al pago de pensión alimenticia: 50% de cualquier ingreso: sobresueldo, aguinaldo, prestaciones (ella trabajaba entonces en el Tribunal Federal Electoral).

“Nunca imaginé que después años de golpizas, y del daño mental que recibí, iba a estar ahí, sentada, recibiendo ese castigo, esa violencia institucional, esa desigualdad procesal altamente discriminatoria”, dice.

Mariana afirma que tuvo miedo de denunciar lo que le estaba ocurriendo porque una de las grandes figuras de la 4T, Irma Eréndira Sandoval, era sobrina de Ballesteros. Cuando la secretaria de la Función Pública fue removida, tomó la decisión de dar a conocer por fin las imágenes.

El lunes pasado, en una audiencia, la juez tomó la decisión de suspender el proceso por un año. Mariana queda obligada a pagar las terapias del niño y a seguir acudiendo a terapia sicológica por el uso de lenguaje no apropiado. Se le retiró el pase de lista mensual, y no se hallaron elementos para ordenarle acudir a una terapia de adicciones.

Por el plazo de un año, sin embargo, quedó impedida de acercarse a sus hijos.

La brutalidad registrada en el video de pronto se volvió invisible, inexistente. “En manos de esa persona violenta están mis niños”, concluye ella.