Del poder y del no querer poder

¿Tiene derecho el presidente a permitir que un grupúsculo haga lo que le plazca? Su deber es someterlos al imperio de la ley
05/04/2019
11:06
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Aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador encarna hoy un poder cuasi absoluto y con él puede hacer casi todo en cualquier ámbito, sin necesidad y motu proprio, con la CNTE se ha impuesto injustificados cuanto perniciosos límites que comprometen su Cuarta Transformación.

Montado en el compromiso presidencial de que no reprimirá a nadie, ese grupo bloqueó las vías de ferrocarril en Michoacán por el pago de salarios y adeudos y le bastó su beligerancia para conseguir lo que quería. Las autoridades se doblegaron.

Ese desplante inmovilizó cientos de cargueros con millones de toneladas de productos, incluidos combustibles; las pérdidas ascendieron a miles de millones de pesos.

Ganado ese tour de force, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, confiada en que goza de impunidad, busca más prebendas; su exigencia de una reforma educativa a su conveniencia, es irreductible.

Sin que miles de niños tengan para ellos la menor importancia, paralizaron la Cámara de Diputados cuatro veces el mes pasado, impidiendo que el dictamen de la reforma, aprobado en comisiones, se discutiera en el pleno. Hoy está en el limbo.

Parte de sus demandas han sido atendidas, pero son insaciables. Rechazan que se les evalúe y que las plazas queden en manos de sus líderes. Ganado el botín, garantizarían que la educación siga siendo el desastre que mantendrá a México en el atraso.

Durante el tiempo que medió entre la elección, el cambio de poder, y el que lleva ejerciéndolo, Andrés Manuel López Obrador lo ha integrado en forma total. Con la suma de todo tipo de micropoderes, ha erigido su macropoder. Pero la camisa de fuerza de la CNTE que por propia voluntad se ha puesto, emerge como su peor amenaza.

Ese grupo ha violado la ley de larga data; su estrategia de lucha frontal, le ha redituado pingües ganancias. Su método confrontacionista le da excelentes resultados. No tiene por qué cambiarlo. Ahora menos que nunca. Su patente de corso le permite todo.

¿Tiene derecho el presidente a permitir que un grupúsculo haga lo que le plazca? Su deber ineludible es someterlos al imperio de la ley, como a todos. Para eso, le bastaría volver los ojos al máximo interés que está de por medio.

Nadie, en ningún momento, pugnaría por que se golpee al magisterio; pero es indudable que su activismo tiene cansada a una gran parte de la población. Se ha excedido. Ha abusado. No tiene llenadera. Y ahora quiere hartarse más que nunca, aprovechando la oportunidad.

Empero, bajo ninguna circunstancia la CNTE puede ser intocable. Permitir que se mantenga al margen de la ley es un privilegio inadmisible. Nadie debe tenerlo. Este de traduce en diferencias sociales y luego en discordia. Surgen entonces las confrontaciones.

Lo peor que puede hacer de hacer un gobernante para mantener el orden es ignorar las leyes. Sin este instrumento, arriesga al Estado al caos y la anarquía.

Es muy grave que un gobernante muestre debilidad o complacencia. Su tolerancia, mirando a conservar al Estado, debe tener para él un límite. Este es, simplemente, el respeto al derecho de los demás, que nadie está autorizado a transgredir. Sin éste, la Cuarta Transformación podría frustrarse.

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@mariobeteta

Es un economista especializado en periodismo. Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Periodismo por el Club de Periodistas de México, en tres ocasiones.

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