Desde hace varios días he visto al Presidente de la República más en plan de padre de familia que de gobernante, defendiendo a tres de sus hijos involucrados en notas periodísticas y videos que circulan en redes sociales, que tienen que ver con una casa en Houston y presuntos conflictos de interés. También he visto a Rafael Loret de Mola, padre del periodista Carlos Loret, defender en redes sociales a su hijo de los embates del Presidente. Dos hombres defendiendo a lo que más quieren en la vida: su familia. 

Desde luego, el poder de uno de ellos, el del Presidente, es mucho más fuerte y tiene instrumentos del Estado que, desafortunadamente, se usaron el viernes y ayer para escalar el conflicto, al revelar información -que no queda claro si fue dada por el SAT- sobre supuestos ingresos del periodista Carlos Loret, ingresos y montos que él mismo desmintió. Pero también se utilizaron espacios de gobierno, medios y recursos públicos para atacar a particulares, y eso creo que fue indebido e injustificado, habiendo tantas otras opciones de réplica en lo legal y en lo mediático. 

Sin embargo, el pleito contra el periodismo escaló a niveles inimaginables. No importó que ayer fuera el Día de la Amistad. Y es que el Presidente adelantó lo que hará para enfrentar a la prensa que considera enemiga de su deseada transformación: 1) publicará las propiedades (bienes) de periodistas y dueños de medios de comunicación, lo que significa usar tanto al SAT como a los registros públicos de la propiedad; 2) buscará que el Instituto de Transparencia (INAI) pida y entregue información de salarios de comunicadores, a pesar de que éstos no son funcionarios públicos, ni su ingreso viene del gobierno; 3) buscará concesionar todos los medios de comunicación –no nada más la radio y la TV - para que los impresos y las redes sociales tengan obligación de transparentar recursos y salarios de periodistas. Para materializarse, estos tres puntos requieren de profundos cambios legales, incluso a nivel constitucional, y parece que ha dado la señal para que legisladores de la 4T avancen en su redacción. 

Finalmente, 4): dejar ver que quienes simpatizan con él son más que los que acuden a redes sociales o publican columnas. Me parece que ha dado la señal de que sacará a sus seguidores a la calle y justamente en estos días ha tejido alianzas con grupos expertos en toma de espacios públicos y amedrentamiento en la zona centro del país. Está el caso de los normalistas que no tuvieron consecuencias tras lanzar un tráiler a la Guardia Nacional en la Autopista del Sol, y que el fin de semana la volvieron a tomar; también están las pensiones que anunció el aguerrido Sindicato de Electricistas de la desaparecida Luz y Fuerza (SME) y, desde luego, la CNTE, que no ha tenido consecuencias mayores por lo hecho a las vías férreas en Michoacán y que, también sin consecuencias, en una alcaldía morenista de Oaxaca, el fin de semana atacó el atrio de Santo Domingo, ubicado en la zona más turística del estado. 

Todas las señales anteriores son preocupantes. Ojalá me equivoque, pero, sobre todo, espero que el Presidente entienda que no puede utilizar las herramientas del Estado para defender a sus hijos y demostrarles su amor de padre. Es el equivalente a que un padre “fifí” utilice a sus escoltas para amedrentar a otro niño que jugó “rudo” en el soccer. 

El Presidente también pareció dejar claro que no se va a echar para atrás. Ojalá que, si no matiza, por lo menos no impulse acciones que van a polarizar más al país: primero, porque son las redes sociales (empresas extranjeras) donde registra su mayor número de críticas; segundo, porque no puede haber una democracia consolidada ni un Estado de derecho, cosas que él anhela, bajo las condiciones antes descritas; y tercero, porque ¿qué va a quedar de México si todos nos lanzamos a una guerra fratricida? Espero que los “padres” ofendidos lleven su diferendo por los cauces legales y demuestren a sus hijos que los quieren tanto, que hasta en esto darán un ejemplo. 

Twitter: @JTejado 

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