El aislamiento y sus consecuencias

27/05/2020
02:58
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Cuando apenas comenzaba la crisis mundial del coronavirus los días pasaban y nueva información nos llegaba de todas partes del planeta: Wuhan y el nacimiento del virus, la llegada a Europa y sus fatídicas consecuencias, y por fin, la llegada a América y lo que todos esperábamos: catástrofe y medidas extraordinarias que cambiarían de un día para otro nuestra realidad.

Para los que, dentro de lo posible, nos hemos quedado en casa (sin trabajo, sin parques, sin gimnasios, sacando dinero de donde se pueda), la cuarentena alargada sí ha significado un gran esfuerzo por mantener la cordura y la tranquilidad lo más que se pueda. Hay que organizar en casa y en familia las compras, las salidas necesarias, limpiar todo lo que llega de la calle y no ver a los amigos que tanta falta hacen (y cada día más).

Dentro de las paredes de casa unos teletrabajan, otros hacemos lo que se puede y se convive como se puede en familia, cosa que tampoco es fácil del todo. Y hemos estado bombardeados de información de todas las fuentes posibles, obteniendo datos que contradicen otros datos, que al final ni les creemos porque así son las cosas en México. Pero a la larga, lo que rompió la rutina, se hizo rutina.

En otros países que sí han pasado ya el pico de la pandemia, se encuentran en su fase de desescalada. Junto con esta vuelta a la “nueva normalidad” se ha presentado el llamado “síndrome de la cabaña”. Como muchas personas pasaron dos meses encerrados en casa y saliendo, quizá a sus balcones o ventanas, descubrieron que ahí dentro se encuentran mejor. Claro, los hay optimistas y realistas. Pero también están aquéllos que por miedo no quieren salir a la calle. Su casa se ha convertido en su lugar seguro, no su cárcel (como muchos otros casos), y esa “nueva era” les provoca ansiedad y angustia. Así que, ahora que las puertas se abren otra vez, unos ya no quieren salir.

La verdad es una situación comprensible. Aunque el confinamiento en México no sea obligatorio y sí tengamos libertad para salir más de una vez al día, a veces es preferible no hacerlo, porque cuando uno vuelve a la calle, quiere salir corriendo de vuelta a casa, donde no hay gente egoísta sin cubrebocas, donde no hay temerarios que no respetan la distancia de seguridad, donde no encontraremos paseantes o comerciantes faltos de empatía sin ninguna medida básica de higiene. Da mucha tristeza y rabia salir y ver que nada cambia para muchos, que creen que el mundo y la vida son infinitos y que todo lo dan por sentado, y sobre todo que no entiende que entre todos nos cuidamos.

Así, yo mejor me quedo en casa.

"Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Soy lectora, vinófila, ciclista y peregrina jacobea."

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