Madrid. —La periodista y escritora Cristina Fallarás (Zaragoza, España, 1968) sabía que quería escribir acerca de la epopeya de su familia, una rama de la descendencia de Benito Juárez (cuyo natalicio se conmemora hoy), pero la trágica historia de España se cruzó en su camino.

Lo que iba a ser el relato de la sorprendente trayectoria vital de su abuelo materno, Pablo Sánchez Larqué, coronel español durante la dictadura de Francisco Franco y uno de los bisnietos del presidente Juárez, terminó dando lugar a Honrarás a tu padre y a tu madre (Anagrama), una novela sobre un oscuro episodio de su biografía familiar durante la Guerra Civil.

“Mi abuelo era de ascendencia mexicana, pero nació en España en 1916. Su madre, una francesa llamada Sophie Larqué, murió cuatro años después en el parto de su tercer hijo dejando dos huérfanos, y el padre, Delfín Sánchez Juárez, nunca apareció a cuidar de ellos. Muchos años después, paseando por Zaragoza, mi abuelo encontró casualmente una tumba, la de su padre, que había sido asesinado de un tiro en la cara”, explica Fallarás.

La escritora aspiraba a narrar esta historia de infortunios que llevó a su abuelo, un “zapoteca navarro” de rasgos indios y casi dos metros de altura, a un orfanato de religiosos jesuitas y, posteriormente, a sumarse al golpe de Estado franquista contra la república española. Pero investigando la biografía familiar descubrió que, durante sus años de alférez en la guerra, Sánchez Larqué también había sido el responsable de ordenar el fusilamiento de Félix Fallarás, el otro abuelo de la autora.

“Eso cambió mi enfoque. Ya no podía centrarme sólo en una rama de mi familia y dejar de lado a la otra cuando los unía esa historia tremenda. Mi novela se convirtió entonces en el relato de un encuentro: en cómo mi padre y mi madre, los hijos de esos dos hombres con una relación trágica, terminaron casándose cuando se conocieron 20 años después en una oficina bancaria”, cuenta Fallarás.

La autora eligió el formato de novela frente al de crónica porque le permitía reconstruir con mayor libertad episodios sobre los que no quedan testimonios, como el fusilamiento de su abuelo Félix en la tapia del cementerio de Torrero, pero sostiene que la narración está apuntalada por los testimonios de sus abuelos y su madre. “La segunda parte de la obra, la historia de mi abuelo Pablo, está escrita como una novela realista, basándome en testimonios. Es en otros capítulos donde introduje una prosa casi poética, como en los finales, centrados en mis recuerdos”.

Fallarás ha intentado rasgar el velo del pasado, pero éste siempre continuará ocultando secretos. “A mi abuelo no lo nombran las crónicas oficiales sobre la familia Juárez, como si su rastro se hubiera perdido en España. Cuando estalló la guerra, su hermano Delfín sí regresó a México y desarrolló una carrera como embajador recuperando el apellido Juárez: Delfín Sánchez Juárez, igual que su padre; pero mi abuelo eligió combatir y quedarse en España. Era muy católico y muy franquista, e incluso hay documentos del espionaje británico que sugieren su relación con otros fascismos europeos”, explica la autora.

Ese recorrido ideológico de un Juárez, desde la tradición revolucionaria a la militancia franquista, puede sorprender al lector, pero Fallarás le encuentra fácil explicación: “La familia Sánchez se había hecho muy rica con la construcción de ferrocarriles, y era de ideología conservadora. Además en mi abuelo y su hermano pesaron mucho la educación jesuita en el orfanato. Los jesuitas fueron expulsados de España en 1932 por la república, contra la que se levantó Franco. Mi abuelo se tuvo que trasladar con ellos a Portugal, y esa experiencia traumática le marcó. Juró venganza, y se unió al golpe de Estado por convicción”.

Con el paso de los años, la figura de Benito Juárez y sus raíces mexicanas terminaron convirtiéndose en una obsesión para el abuelo. “Tenía incluso una estatua en casa. A pesar de que había nacido en Navarra, con los años fue americanizándose. Hablaba mucho de Juárez e iba de visita a México, de donde volvía un poco extraño. Por eso en mi familia desarrolló cierta prevención hacia ‘aquellas tierras’, como las llamaban”.

Fallarás asegura no tener apenas relación con su familia mexicana. Aun así, su camino se ha cruzado numerosas veces con el país. La última, el pasado 18 de mayo, cuando fue multada por participar en una protesta ante la Embajada mexicana de Madrid por la muerte del periodista Javier Valdez.

Este sentido de la militancia es un distintivo del trabajo de Fallarás, y a través de él explica la elección del enfoque para Honrarás a tu padre y a tu madre.

“Un día me di cuenta de que estaba luchando por que se recupere la memoria de la Guerra Civil en España sin haber solucionado mi memoria personal. Si no narramos sin complejos las historias que han ocurrido dentro de nuestras casas, no podemos aspirar a recuperar la memoria del país”.

vkc

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