23 / mayo / 2022 | 23:37 hrs.

En busca del “gracias”

Montserrat Morales

Hay algo en lo que debemos ser sinceros: a los pocos días de que la actual administración del Gobernador del estado entrara en funciones, comenzaron a llevarse a cabo notorias acciones de trabajo, de cambios. Un ejemplo evidente ha sido el Parque Tangamanga. Poco tiempo fue necesario para que la entrada principal del parque, la que llevaba inmutable por décadas recibiendo a potosinos y foráneos, fue borrada para siempre. En su lugar, se alzan actualmente y poco a poco, unas estructuras enormes, altísimas que proyectan una imagen de poder y fortaleza (y algo de acomplejado). En fin, que eso tan feo parece la entrada al Parque Jurásico.

Dentro del lugar, los cambios siguen; unos buenos (nueva carpeta asfáltica) otros malos, (nuevas lámparas led para iluminar el parque cuando esté abierto hasta las 10:30 de la noche [y los peores]). Además, habrá un innecesario museo que nadie pidió y que no tiene sentido ni fundamento. Si son pocos los potosinos que van a los museos ya existentes y que sí cuentan con acervos valiosos, ¿qué se espera ese elefante blanco?

Ni hablar del campo de golf en el Tangamanga II. ¿Es que el Gobernador (o quien sea que esté tomando estas decisiones) no se da cuenta del perfil social de los vecinos de la zona? Lo que más falta hace es recuperar de verdad el parque y ofrecer otras alternativas más acordes a la realidad: parques de skateboarding, rocódromos (que en la ciudad no hay), más pistas de ciclismo bmx, patinaje, atletismo. Eso sería aprovechar el espacio ya existente. Falta pensar en el oriente de la ciudad, donde no hay pulmones ni lugares semejantes.

Hace unos días circulaban imágenes que comparaban las primeras planas de algún periódico. Una imagen aludía a los fiestones organizados por el gobierno con motivo de las Navidades. Otra imagen aludía a la brillante decisión del gobierno de suspender las clases presenciales por el aumento de casos de coronavirus. Hechos contradictorios pero alabados asumidos como heroicos. Ahora se presumen los trabajos que se mencionan arriban en este texto.

Pareciera que, en San Luis, como en muchas partes de México, los “representantes” no trabajan para que los territorios y los Estados realmente progresen, sino que están en unos concursos de popularidad de seis o cuatro años, y ellos están dispuestos a hacer lo que sea con tal de ganarlos. ¿Qué quieren ganar de una sociedad atarantada, embrutecida, que vive en la precariedad y no tiene referentes reales de bienestar? Lo que sea que hagan, no merece ni las “gracias”. Ciertamente no son los “representantes” de todos. Es más, ni nos representan, porque la clase política de este país nada tiene que ver con las clases sociales que verdaderamente lo habitamos día a día. Hacer su trabajo es su obligación (por eso se pagan ellos mismos millones y millones de pesos recaudados de nuestros impuestos), no es un acto de bondad, no es para dar las “gracias”.