13 / agosto / 2022 | 01:11 hrs.

Guardia Nacional: ganadores y perdedores

Raúl Rodríguez Cortés

Contra todo pronóstico, el consenso se impuso entre las fuerzas políticas representadas en el Senado para aprobar ayer la polémica creación de la Guardia Nacional. No lo habíamos visto en años, mucho menos en un asunto de tal trascendencia para el país. La unanimidad alcanzada, construida desde el disenso, es verdaderamente digna de aplauso, sobre todo en momentos en que el país está tan confrontado.

Desde aquí veíamos que, de transitar la Guardia, sería con el voto de Morena y aliados, más nueve votos arrancados a la oposición, para conseguir la mayoría calificada. El acuerdo se veía casi imposible, aunque siempre con una negociación política de última hora.

Y así fue, todos los grupos parlamentarios acordaron una Guardia Nacional inequívocamente civil (sin mandos mixtos o juntas de jefes de Estado Mayor ni fuero militar para sus integrantes); y el reconocimiento explícito, desde la Constitución, de la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública, pero acotada a un lapso no mayor de cinco años, mientras se organiza y consolida el nuevo cuerpo de seguridad.

 Además, establecieron un plazo de 60 días para expedir la ley reglamentaria de la Guardia, de 90 días para hacer lo propio con las leyes que reglamenten el uso de la fuerza y conforman el registro nacional de detenciones, y de 180 días para que los gobernadores presenten un análisis de sus necesidades para fortalecer a sus policías estatales.

En suma: se despejó cualquier duda sobre la militarización permanente de la seguridad pública y se dio paso al paulatino regreso de soldados y marinos a sus cuarteles.

Preguntábamos aquí, en la entrega pasada, si no sacar adelante la Guardia Nacional o hacerlo en términos diferentes a los originalmente planteados, sería la primera derrota política del gobierno de AMLO y, en consecuencia, la primera gran victoria de una oposición disminuida, pero actuando como bloque.

Para la oposición, cierto, fue un éxito. Incorporaron sus ideas y las obtenidas de organismos internacionales, especialistas en el tema y sociedad civil. Pero eso no hubiera sido posible si la mayoría de Morena no hubiera estado abierta a la negociación. Y eso convirtió desde ya al jefe de ese grupo parlamentario, Ricardo Monreal, en uno de los operadores políticos más importantes del nuevo gobierno y de López Obrador. Es impensable que éste no haya estado enterado de lo que se negociaba y cedía en la Cámara Alta.

Desde el punto de vista de lo aprobado, AMLO sí perdió. Pero ganó en disposición al acuerdo, en tolerancia y, finalmente, en la construcción de un órgano fundamental para su estrategia de seguridad.

Sin embargo, López Obrador, muy presionado por las Fuerzas Armadas, comentó que no aceptará leyes que no resuelvan la inseguridad y la violencia, además de que advirtió que no se va a dejar. Eso abrió los escenarios que siguen en el proceso legislativo. El dictamen regresó a la Cámara de Diputados, la de origen. Si esta lo decide, analizará los cambios hechos por la revisora (el Senado). Si los reprueba por mayoría calificada (que ya la tiene Morena tras la reciente desbandada de la fracción del PRD), el dictamen regresaría a la Cámara Alta para que tome en consideración sus razones, pero si ésta desecha tales razones por mayoría absoluta, solo se promulgaría lo acordado por ambas cámaras (una minuta coja) o bien, se llevaría todo el proyecto hasta el próximo periodo de sesiones. Y tiempo, en esto, es ahora lo más escaso.

¿Perdieron las Fuerzas Armadas? Parece que solo en un tema que preocupaba al alto mando en las negociaciones que todavía sostenía con Monreal la madrugada de ayer: que el personal militar que pase a la Guardia quede sometido al fuero civil, no al militar. Todo apunta a que se le ofrecieron algunas alternativas de protección a esos efectivos, que se incluirán en las leyes reglamentarias que, para su aprobación, no requieren de la mayoría calificada. Por lo demás ganan: han obtenido por fin el sustento jurídico de su actuación en tareas de seguridad pública e iniciado el camino de regreso a sus cuarteles.

En cualquier caso, los grandes ganadores somos, por el momento, todos los ciudadanos. No solo porque nació con toda la legitimidad posible una policía nacional capaz de devolvernos la tranquilidad, sino también porque refrendamos, después de mucho tiempo, que sí es posible el camino de la política (en el más noble de sus sentidos) y del acuerdo en bien de todos. Ojalá así —y en palabras de Emilio Álvarez Icaza— dejemos de ser una fábrica de dolor y nos transformemos en una fábrica de esperanza.

Instantáneas:

1. PUNTO DE NO RETORNO. A él llegará Venezuela pasado mañana domingo. El 23F está programado para que un ejército ciudadano que apoya al autoproclamado presidente Juan Guaidó empiece a internar las 540 toneladas de ayuda humanitaria que se ha concentrado en las ciudades fronterizas de Cúcuta, Colombia; Roraima, Brasil, y la isla de Curazao. Pero las milicias de Nicolás Maduro han cerrado esas fronteras. Parece inminente el enfrentamiento.
2. NOTICIAS DEL AIRE. Alfonso Sarabia dejará el próximo primero de marzo la dirección de Aeropuertos y Servicios Auxiliares. En su lugar será nombrado Óscar Argüello Ruiz, quien aún se desempeña como director de Operaciones de Interjet.