18 / octubre / 2021 | 23:49 hrs.

La desaparición del INADEM va en contra de las mejores prácticas internacionales

Enrique de la Madrid

La automatización de procesos y los robots están desplazando mano de obra a un ritmo creciente en el mundo, mientras que los avances en la inteligencia artificial están haciendo a las máquinas más eficientes en campos que creíamos exclusivos de los humanos como la medicina, las leyes, el marketing e incluso el arte.

Por ejemplo, en los Estados Unidos  se han destruido 5 millones de empleos manufactureros desde 1987, casi una tercera parte de la fuerza laboral en ese sector, mientras que en el Reino Unido se han perdido 37% de los empleos manufactureros de 1992 a 2018 al pasar de 4.3 a 2.7 millones. Esta situación se repite en otros países como Alemania, Suecia, Australia o Japón.

Algunas personas consideran que la destrucción de empleos en el sector manufacturero de los países avanzados responde a que las empresas han mudado su producción a otros países que ofrecen mano de obra barata. Sin embargo, la producción de las manufacturas en los países avanzados ha continuado en aumento, lo que sugiere que la automatización es una de las principales causas de la reducción en la fuerza laboral, además de que esos países se han especializado en manufacturas de muy alto valor agregado.

En Estados Unidos y el Reino Unido la producción manufacturera aumentó 63% y 11.5% respectivamente  desde 1987, a pesar de la drástica disminución de personal ocupado en esa industria.
A diferencia de los países desarrollados, en México se registró un máximo histórico de 5.5 millones de empleos manufactureros formales al cierre de marzo de 2019, lo que representa la creación de 200 mil nuevos empleos con relación al año anterior.

Sin embargo, sólo es cuestión de tiempo para que los robots se apoderen de muchos de nuestros trabajos.  La consultoría McKinsey estima que el 50% de los trabajos actuales son técnicamente automatizables al adaptar tecnologías ya probadas, y los más fáciles de automatizar son los de baja especialización.

Los trabajos de manufactura en países como Alemania o Estados Unidos tienen un mayor grado de especialización con relación a México, por lo que en nuestro país corren mayor riesgo de automatizarse a menos que se acepte un salario bajo.

Actualmente, las fábricas más modernas del país ya tienen un alto grado de automatización y existe un amplio consenso en que no se revertirá esta tendencia, por lo que se prevé que se desacelerará el ritmo de contratación en el sector manufacturero en el mediano plazo y eventualmente se reducirá la fuerza laboral en este sector en México, tal como ha pasado en otros países.

Esto supone un serio problema para México, ya que una tercera parte del empleo formal del país está concentrado en las manufacturas, lo que hace altamente dependientes a muchas familias de esta industria.

Si bien en Estados Unidos se perdieron 5 millones de empleos manufactureros entre 1987 y 2018, en el mismo periodo se crearon 51 millones en otros sectores del país, sobretodo en el de servicios y los relacionados con las nuevas tecnologías. Algo similar ocurrió en otras economías avanzadas como el Reino Unido, Alemania, Japón o Corea, por ejemplo.

La innovación y el surgimiento de nuevas formas de producir han permitido la creación de millones de nuevos empleos, así como la aparición de pequeñas y medianas empresas que están aprovechando las nuevas plataformas tecnológicas para convertirse en los grandes protagonistas en la economía del conocimiento.

Eso sí, los gobiernos han sido jugadores clave en este proceso al apoyar con financiamiento y capacitación a los emprendedores. Por ejemplo, el Reino Unido ofrece 180 diferentes esquemas de apoyo para sus Pymes.

Por su parte, Israel apostó por sus Pymes al atraer fondos de riesgo para financiarlas, el gobierno invirtió inicialmente 100 millones de dólares y a los 10 años lograron atraer 15 mil millones para invertir en compañías locales, el número de fondos pasó de 20 a 513 y, gracias a ello, Israel se ha convertido en la segunda mayor potencia tecnológica del mundo. Actualmente, es el tercer país con más empresas cotizando en el Nasdac, la bolsa de valores de Estados Unidos orientada a compañías tecnológicas. Israel tiene más empresas cotizando en el Nasdac que la suma de España, Italia, Francia, Alemania y Holanda.

En este sentido, es difícil entender la extinción en México del Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM), el cual apoyaba con financiamiento, capacitación, consultoría y orientación  a los emprendedores y a las micro, pequeñas y medianas empresas mexicanas para consolidarse y crecer.

Además, a nuestros emprendedores les resultará más caro y difícil conseguir algún crédito, ya que también se están eliminando las garantías que otorgaba la banca de desarrollo para que la banca comercial  les otorgue financiamiento.

La empresa pequeña debe crecer para convertirse en mediana, la mediana en grande y la grande en global. En México cada vez es más difícil que suceda si no las apoyamos y, a su vez, perdemos la oportunidad de crear más empleos.

La alternativa de incrementar los subsidios y las transferencias directas que ha propuesto el gobierno es peligrosa, ya que en lugar de estimular la creación de ciudadanos independientes que sean capaces de generar su propio trabajo, fomenta personas dependientes del gobierno y eso los hace vulnerables.

Por decirlo de otra manera, un buen padre quiere ver a sus hijos independientes, capaces por sí mismos de salir adelante, un padre enfermizo quiere que sus hijos sean codependientes de él. El ciudadano codependiente mantiene al gobierno en el poder y a cambio recibe un ingreso de subsistencia.

A México le urge dotar a sus jóvenes de las habilidades necesarias para enfrentar el reto de la automatización laboral y muchos otros que tienen enfrente, en lugar de hacerlos ciudadanos dependientes del gobierno.

Esto sólo se logrará si facilitamos la creación de empresas, apoyamos a los emprendedores y la innovación, atraemos fondos de inversión de riesgo y mejoramos nuestro sistema educativo. Si no lo logramos, la gran oportunidad que representa la economía del conocimiento se tornará en una pesadilla que polarizará aún más a nuestro país y afectará profundamente a los que menos tienen.