18 / septiembre / 2021 | 20:39 hrs.

La falta de orgullo

Montserrat Morales

Después de que "G.T." saliera del clóset con su familia tuvo que irse de casa durante unos años porque su familia no la aceptaba. Las opciones fueron, entonces, no saber de ella o volver a acogerla en el hogar. Sin embargo, el silencio acerca del tema ha imperado y con ello vinieron problemas de salud mental y aislamiento.

En el caso de "V" su homosexualidad no fue aceptada tampoco por sus padres y las pocas personas cercanas que la aceptan son, en su mayoría, jóvenes. Muchos de los que la rechazan por ser lesbiana le dan argumentos religiosos. En su círculo social no cuenta con más miembros del colectivo, lo que le hace sentir muy poco apoyo.

"D.S." lleva una vida social normal con sus amigos…, siempre y cuando no lleve a su novia a las reuniones. De convivir sanamente con sus colegas, se enfrentan ambas a situaciones de rechazo incómodas e injustas. Han decidido evitar este tipo de experiencias y optar por una vida más alejada de la sociedad.

A "X.B." su madre le dijo que el hecho de que ella fuera lesbiana le resultaba aberrante, pues ya había pensado que sería ella quien la cuidara en su vejez. Uno de sus hermanos también es gay y su familia “lo tolera” más que a ella.

Como estas historias hay millones alrededor de todo el mundo. La falta de información, el machismo, las ideas religiosas retrógradas, prejuicios sin fundamento y otras razones causan que la población homosexual en todo el planeta siga sufriendo discriminación, aislamiento y problemas emocionales y de salud mental que hacen que su vida sea menos plena que la de la población en general. Todas estas visiones pueden cambiarse hacia lo positivo y, de hacerlo, la convivencia diaria con el colectivo sería mucho más fácil, cordial y respetuoso.

Los miembros del colectivo LGBT+ hacen lo suyo (y lo que pueden) alzando la voz y, sobre todo, durante el mes del orgullo, más enfáticamente los días de las marchas que funcionan como escaparates para reivindicar su forma de vida, para ser contestatarios de las injusticias. Las asociaciones civiles y de derechos humanos trabajan a su lado todo el año en favor de sus derechos. La mayor parte del trabajo se lo están llevando, primero las instituciones públicas, y segundo, la familia.

Es vergonzoso que a estas alturas los gobiernos no se lancen de lleno en favor del colectivo. No basta con la legislación (que sí es muy útil, necesaria y justa), pues tienen que hacer pública y firme su postura de apoyo a la comunidad. No basta con publicar un tuit conmemorando el Día del Orgullo. Ya sería hora para que todas las ciudades del país se llenaran de colores a manera de protesta.

En muchísimos lugares del mundo se iluminaron edificios emblemáticos (museos, sedes gubernamentales, empresas importantes, estadios, iconos culturales). Así se vio también en México, no podía ser menos. Si no me equivoco (espero hacerlo), en nuestro estado, solo la Universidad Autónoma de San Luis Potosí hizo lo propio. ¿Dónde está el apoyo fuerte y claro?

¿Y qué están haciendo las familias, las de miembros del colectivo y las que no lo son? La familia es la base de la sociedad. Deben informarse, quitarse prejuicios e ideas antiguas y erróneas acerca de la homosexualidad, para poder, al menos, mostrar respeto, y ya después apoyo.