La impostura de López- Gatell

12/04/2020
02:56
-A +A

La noche del viernes se cumplían 24 horas de que el secretario de Agricultura, Víctor Manuel Villalobos, fallara en el intento de hablar con Hugo López-Gatell, jerárquicamente un funcionario de menor nivel. 

El desdén del vocero para la crisis sobre el Covid-19 sumió en la desesperación a Villalobos, pues un amplio sector de agricultores proveedores de la industria cervecera se asoma a la pérdida de sus cosechas pues no tiene capacidad de almacenarlas y las fábricas se niegan a comprarlos como presión sobre el gobierno.  

En esas mismas horas, operadores gubernamentales cercanos a López-Gatell mostraban alborozo en una reunión privada ante la certeza de que dos revistas del corazón, incluso la española Hola!, preparan un trabajo describiendo como ídolo nacional a este funcionario virtualmente desconocido hace tres meses. 

López-Gatell goza de un alto nivel de popularidad basado en campañas de redes sociales, amplia presencia mediática y un puñado de fotografías de juventud que apoyan hasta la forzada versión de que tuvo un rol importante en las protestas de 1986-87 en la UNAM contra la imposición de cuotas.  

Esa tarea ha sido conducida, según testimonios recogidos por este espacio, por el vocero presidencial, Jesús Ramírez, y por uno de sus principales colaboradores, Jenaro Villamil, que tiene a su cargo el manejo de los llamados medios públicos, que en este gobierno han agudizado su perfil oficialista. En su etapa de periodista, Villamil documentó el montaje mediático que construyó la imagen de Enrique Peña Nieto desde que fue gobernador del Estado de México. Paradójicamente, ahora se echa mano de algunas de estas técnicas para construir un rostro que mejore la credibilidad gubernamental. 

Pero según se acerca la etapa más crítica de la pandemia, se empieza a desnudar la impostura de quien le ha ocultado al público temas cruciales de los que dependerá cuántas personas mueren a causa del virus.  

Al final de esta historia quizá solo hablemos de un funcionario público ambicioso que soslayó los argumentos de expertos para abrazar el cálculo y la lisonja política, soñando con un país que le pagaría los servicios que otorgó al frente de una camarilla burocrática. 

López-Gatell decidió no ser el Anthony Fauci o el Luis Henrique Mendetta, los zares de la pandemia que en Estados Unidos y en Brasil, respectivamente, optaron por tomar distancia de un presidente que apostó a la negación y la frivolidad.  

De acuerdo con las estadísticas mundiales, México empieza a posicionarse entre las naciones con más rápido crecimiento porcentual en los casos de contagiados y personas fallecidas a causa del coronavirus. 

Tal vez el doctor López-Gatell tenía esto en mente cuando a inicios de mes concedió una entrevista a la revista The Economist, a cuyo incisivo reportero, Richard Ensor, le compartió varias revelaciones, como que el número de contagiados podría ser al menos 10 veces más de los reportados oficialmente; que ahora sí, se están haciendo más pruebas, pues hasta ahora se han hecho hasta 30 veces menos que en otros países (y Cofepris sigue bloqueando nuevos permisos). 

También, que México vendió, ya en plena crisis, un número no determinado de mascarillas médicas que ha debido recomprar en un precio 30 veces mayor, según calculó el periodista. 

López-Gatell tendría que explicar ahora también por qué ha dicho en conferencia de prensa que nadie ha autorizado “pruebas rápidas”, más baratas, cuando la FDA norteamericana ya lo había hecho. 

Algo está crujiendo con este modelo, pues López-Gatell ha sido desplazado como interlocutor con gobernadores y otros actores, así como en el rol último de la voz del Estado mexicano, labor que le fue asignada al canciller Marcelo Ebrard. No vivirá mucho quien no vea el desenlace de esta historia. 

Apuntes: 

La revista Proceso publica hoy las partidas de publicidad pagadas por el gobierno López Obrador en 2019 a medios de comunicación. Se confirma la existencia de algunos excesos en el pasado inmediato. Pero también se patentiza que persiste la opacidad y la discrecionalidad, lo que despoja de autoridad moral al discurso presidencial en la materia.  

[email protected]

Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Diplomado por la Northwestern University en Administración de Empresas Periodísticas.

Comentarios