Las siete zonas calientes del país

09/06/2020
09:23
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En los últimos tres meses —los meses marcados por el confinamiento, la explosión en los contagios, el alza sostenida en las cifras de muerte por Covid-19—, siete estados del país se volvieron cementerios del crimen organizado. 

Ahí, las muertes sucedieron por hora. Hubo multihomicidios, acribillamientos, decapitaciones sin freno. Aparecieron en las calles, los caminos, los baldíos, centenares de cuerpos calcinados, desmembrados, embolsados, sepultados en fosas. 

En esas siete entidades el crimen organizado se movió a la luz del día, en caravanas de camionetas repletas de hombres armados. Algunas veces dichas caravanas atravesaron colonias enteras para matar, con diferencia de minutos, a sus objetivos. 

Se registraron masacres en las que las ráfagas de los fusiles de asalto acabaron en segundos con las vidas de ocho, nueve, diez personas —incluidas mujeres y niños. 

En esos meses, siete estados se llenaron de bolsas de plástico negro y de automóviles incendiados. 

Un análisis de Lantia Consultores señala que en los meses de marzo, abril y mayo de 2020 se cometieron 6,079 ejecuciones en todo el país. 

De estas, más de la mitad, 3,529, sucedieron en Guanajuato, Baja California, Michoacán, Chihuahua, Jalisco, Guerrero y el Estado de México. Las siete zonas calientes del país. Los siete grandes cementerios del crimen organizado. 

En los tres meses mencionados, más de mil ejecuciones (1006 para ser exactos) se registraron en Guanajuato, el mayor foco de alarma que existe hoy en el país, y en donde hubo 319 ejecuciones en marzo, 326 en abril, 351 en mayo. 

Hundido en la guerra que sostienen dos cárteles sanguinarios, el de Santa Rosa de Lima y el Jalisco Nuevo Generación, Guanajuato sufre un rosario de muertes violentas que metieron a León, Irapuato, Celaya y Salamanca entre los diez municipios más peligrosos de México. Solo en mayo hubo en León 65 ejecuciones; 53 en Irapuato, 52 en Celaya y 36 en Salamanca. 

El coctel de violencia se ha agravado en la entidad por la fractura del Cártel de Santa Rosa en dos grupos (uno dirigido por José Antonio Yépez, El Marro, y otro por su antiguo lugarteniente, Noé Lara Belman, El Puma), y la supuesta llegada de sicarios de Sinaloa enviados a enfrentar al CJNG. 

Baja California es la segunda zona caliente del país y tiene al municipio con mayor número de ejecuciones, Tijuana, con 556 muertes violentas entre marzo y mayo de 2020. 

En esos tres meses se registraron en el estado 682 ejecuciones, la mayor parte de estas, producto de las guerras por el control del narcomenudeo y del paso fronterizo que sostienen el Cártel Jalisco Nuevo Generación, el Cártel de los Arellano Félix y grupos asociados al Cártel de Sinaloa. 

El tercer lugar en la lista es Michoacán. Ahí también el CJNG, a través de su jefe regional, Alejandro Carranza Ramírez, alias Chito Cano, sostiene con ferocidad una guerra, acompañada de torturas y ejecuciones grabadas y subidas a redes sociales, en contra de La Familia Michoacana —liderada por dos hermanos: Johnny Hurtado Olascoaga, El Pez, y su hermano José Alfredo, El Fresa. 

490 ejecuciones se registraron en Michoacán en estos tres meses. 

Chihuahua figura en la lista con 379 homicidios asociados al crimen organizado. Ciudad Juárez sigue estando entre los diez municipios con mayor número de ejecuciones en México (en mayo ocupó el quinto lugar nacional), como producto de la lucha por las calles entre La Línea (brazo armado del Cártel de Juárez) y las bandas conocidas como Los Aztecas y los Mexicles. 

En los tres meses de pandemia se cometieron en Guerrero 354 ejecuciones, 313 en el Estado de México y 306 en el estado de Jalisco. En dichas entidades figura de nuevo como protagonista siniestro el Cártel Jalisco, en guerra con la Familia Michoacana, o bien apoyando o combatiendo a grupos criminales locales. 

Estos estados son los siete focos rojos que se mantuvieron encendidos en el país durante las fases iniciales de la pandemia. Sangre, fuego, horror. Las cifras marcan las hogueras que al gobierno mexicano le urge apagar. No muestran, sin embargo, lo que se esconde atrás: historias teñidas de sangre, y como envueltas en un alambre de púas. 

@hdemauleon

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