20 / mayo / 2022 | 09:57 hrs.

Libertad ante algo que no es elección (parte I)

Montserrat Morales

Hace años era muy poco probable encontrarse con contenido de temática LGBT+ en la televisión abierta

Hace años era muy poco probable encontrarse con contenido de temática LGBT+ en la televisión abierta. Había más probabilidades de ello en la televisión por cable. Y algo que ninguno de nosotros se podría haber imaginado son las plataformas digitales con las que contamos actualmente y la cantidad de propuestas que abordan las distintas problemáticas relacionadas con la diversidad sexual, de género e identidad.

Un título contenido dentro del catálogo de Netflix es All in my family, producido por Netflix y dirigido por el cineasta chino Hao Wu. En este cortometraje, Wu relata en voz de sus familiares y de él mismo cómo vivió el descubrimiento de su homosexualidad. Él sentía que vivía un engaño ante los ojos de los demás. Y en la época en que él descubrió esa faceta de sí mismo, comenta que la primera vez que encontró una referencia a la homosexualidad fue en un libro de origen americano en el cual se le mencionada como enfermedad mental. Menuda noticia.

El decidido chino tomó su propio rumbo y las decisiones que lo llevarían a ser feliz. Pero ha contado con un pequeño obstáculo ante su felicidad plena: su familia, tradicional china que no acepta la homosexualidad. Conforme avance la narración, nos enseña los malabares que tiene que hacer para abrirse camino incluso entre sus seres más queridos. Es un documental que muestra muy bien las diferencias culturales y los juicios de valores arraigados en las personas.

Otro documental que se puede encontrar en la popular plataforma es Pray away: la cruz dentro del clóset, dirigido por Kristine Stolakis y producido por Ryan Murphy. Este largometraje cuenta el origen de algunas de las organizaciones estadounidenses cristinas que comenzaron y promovieron las terribles “terapias de conversión”. En sus inicios, Exodus (una de ellas) comenzó como un grupo de apoyo con un objetivo noble: que los cristianos homosexuales se sintieran arropados por personas como ellos mismos ante la iglesia y su fe que tanto les machacan que así (su) Dios no los quiere por haberse desviado del buen camino.

Como suele suceder, la cosa se torció, creció y alcanzó un gran peso político en aquel país. Y lo que empezó como un hombro arrimado al prójimo terminó en guerra de ideologías que directamente mandaba a los homosexuales hacia un fin horrible por la senda del pecado. Mientras tanto, las “terapias” continuaban practicándose con la convicción, de pacientes y pseudoterapeutas, de que rezar, pedir perdón y cambiar los “vicios” por virtudes haría que Nuestro Padre volviera a abrir los brazos hacia los desviados.

Pero el resultado fue la vergüenza del autoengaño, la depresión de muchísimas personas y el suicidio de muchos de ellos ante la realidad que les planteaba la Iglesia: si no cambias eso malo en ti, no eres bienvenido a la casa de Dios. Cerca de 700 000 personas sufrieron estas horrendas experiencias hasta hace poco.

Actualmente, muchos países están sumándose con medios legales para erradicar las terapias de conversión, sin embargo, todavía hay muchos lugares donde siguen siendo legales, y otros donde, a pesar de su ilegalidad y total falta de sustento científico y profesional, siguen promoviéndose. Es muy importante que las personas (todas las personas) sepan que este tipo de “tratamientos” lejos de ayudar (porque no hay nada que curar) dañan a las personas física, emocional y psicológicamente. Lo que necesita alguien que lucha contra su identidad es amor propio, amor por parte de su familia, apoyo médico adecuado y el apoyo también de su círculo social. Nadie debe escuchar que tiene que cambiar algo intrínseco a sí mismo y que no daña a nadie en favor de alguien más o de una fe.