Los encuentros postergados

08/07/2020
11:20
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Mucho se comenta y bromea en las redes sociales, en los medios de comunicación y en casa acerca de “borrar” del registro a este ya fatídico 2020. Como que mejor no lo contamos. Este año es sabático (porque no hay trabajo ni vacaciones). Este año nadie cumple años a partir del 14 de marzo (pobres de los nacidos en enero y febrero, ellos sí envejecieron). Este año hemos hecho turismo en casa y hemos visto la vida pasar a través de las ventanas, y si acaso salimos a la tienda, detrás del cubrebocas.

Pareciera que el COVID-19 y el 2020 hicieron un pacto para tenernos prisioneros en casa y que aprendiéramos alguna lección. Creo que muchos sí hemos aprendido de cómo la Tierra no nos necesita, de nosotros mismos, pero sobre todo de los demás ─lo bueno y lo malo─ y lo que pesan sus ausencias.

Con todas las precauciones, ha llegado el momento de recuperar un poco de la vida que teníamos hasta hace unos meses. No del todo, no es posible. Si uno tiene un mínimo de consciencia y respeto por la vida, es mejor seguir siendo precavidos. Todavía no debemos volver a los restaurantes, al cine, a la plaza por un café o un yogur. Pero ya podemos sentirnos humanos civilizados en el parque, y escuchar la ausencia de autos, a ver los patos, las cabras, los borregos; las maravillas que el Parque Tangamanga nos ha resguardado tanto tiempo. Ya nos pedían las piernas que las estiráramos recorriendo los caminos del parque.

Ya nos hemos atrevido a ver a nuestros amigos, en nuestra casa o en la suya. Cuatro meses sin vernos y seguimos sin poder abrazarnos (todavía no somos del todo humanos). Al principio es un poco extraño: ¿De qué se platica que no sea el virus? Pero vamos recordando que hay vida a nuestro alrededor. Así que por fin fluyen los chistes, las preocupaciones, los gozos, lo que hicimos tanto tiempo encerrados. Y ahí, en la mesa compartida con los demás, volvemos a existir.

Han sido reencuentros un poco extraños. No es como cuando volvemos un largo viaje y tenemos muchas cosas buenas que platicar. Los sentimientos son encontrados, pero lo que sí es seguro, es que nos sobran las ganas de que ese “Nos vemos pronto” se repita cada vez más seguido.

"Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Soy lectora, vinófila, ciclista y peregrina jacobea."

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