Luz verde para el arte y la cultura

12/05/2021
08:11
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Finalmente se está viviendo (yo no lo estoy viviendo) la realidad del color verde del semáforo epidemiológico en San Luis Potosí. Lo que hace un año se veía muy lejano es ya el presente. Costó mucho trabajo de persuasión para que la gente guardara su distancia de seguridad (sigue habiendo gente que insiste que en la frutería caben todos al mismo tiempo), que usaran el cubrebocas también en el parque (sigue habiendo gente que se cree listilla y se lo quita al entrar) y que no se aglomeraran sin necesidad (nunca dejó de haber restaurantes y bares llenos), y se necesitaron cientos de muertes para llegar a este nivel de “riesgo bajo de contagio”. Como que al final no se logró mucho, ¿verdad?

Se está viendo lo que era de esperarse y que también ha sucedido en otros países. Al tener la sensación de no haber tanto riesgo de contagiarse, enfermar y morir, la gente se relaja mucho (muchísimo). Hay gente a la que le cuesta entender que se acabó una etapa de riesgo medio alto, pero que no se ha terminado la pandemia. Las cifras diarias de contagios y muertos no han cambiado realmente de forma significativa como para que la población se suelte el chongo. El color verde es más engañoso de lo que parece. Ya veremos los números a partir del 10 de mayo, esos números que nadie cree y que nunca han sido reales, porque nunca se han hecho pruebas suficientes ni se ha llevado un control estricto de enfermos y muertos.

Con todo lo que está mal, sí se puede decir que siendo responsables (verdaderamente responsables) ya se puede disfrutar de un poco de más libertad, gracias también al proceso de vacunación. Los horarios para ciertas actividades son más extensos y los aforos más amplios también. Estos permisos ya se los habían tomado muchos locales nocturnos. No nos engañemos. Todavía no cambiaba el semáforo y se podían ver en redes sociales muchas publicaciones de antritos abarrotados de gente sin cubrebocas y sin distancia de seguridad. Así que tampoco se siente mucho la relativa libertad, si nunca hubo restricciones verdaderas.

Pero no todo va de quejas, aunque sí un poco de lamentos. Porque mientras el ocio nocturno no paró y la gente no dejó de hacer fiestas donde todas las circunstancias se prestaban al contagio, ha habido espacios donde verdaderamente se pueden cuidar las medidas sanitarias y que se han visto olvidados por la población: museos, cines y teatros. Y estos lugares tienen todas las ventajas: el costo no es elevado, nunca hay aglomeraciones, se deben mantener la distancia, la higiene y el uso del cubrebocas, y la gente no va a ellos a vociferar, gritar, cantar o comer; acciones todas ellas en las que es necesario descubrir el rostro.

Es muy lamentable ver la poca afluencia a los cines y los museos. Los teatros, hasta donde sé, no han ni siquiera presentado propuestas para este año. Miles de familias dependen de la industria del teatro. Muchos museos viven de sus ingresos propios, y los cines significan grandes inversiones para traer la oferta a nuestras carteleras. Así que esto es una invitación a volver a esos lugares donde la realidad sí puede ser otra, donde podemos entrar en la piel de los personajes o bien donde podemos alimentar el intelecto y la cultura sin correr grandes riesgos. Además, son otras opciones para volver a habitar nuestras ciudades y reencontrarnos con el gusanillo del arte y la cultura que nos han mantenido a salvo en nuestras casas cuando no hemos podido salir.

"Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Soy lectora, vinófila, ciclista y peregrina jacobea."

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