Mexicanos contra mexicanos

¿Cuántas guerras mentales deben consolidarse para darnos cuenta de que la unidad social es la única salida de nuestros problemas?
17/06/2019
12:39
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¿Cuántas guerras mentales deben consolidarse para darnos cuenta de que la unidad social es la única salida de nuestros problemas?

Fue en el recinto Legislativo de San Lázaro, en la Ciudad de México aproximadamente a las 11:00 horas del día primero de diciembre del año 2018, donde en un acto solemne se invirtieron las esferas de poder y con ello se asumió una silenciosa declaración de guerra en nuestro país: por un lado los mexicanos y por el otro también; identificaron al “enemigo”, se celebraron las traiciones que habían de celebrarse, huyeron los viejos de aquel antiguo gobierno, tomaron posiciones, empuñaron las armas, apuntaron y ¡fuego!. En esta guerra los muertos son de sangre ajena, los daños son directamente a la patria y los victoriosos no existen.

Lo de hoy es el quiebre de un punto que incluso atenta en contra de los instintos de supervivencia, pareciera que a la “flaca” (muerte) se le celebra y se espera con ansias para echarla en cara a quienes hoy gobiernan, pareciera que los errores son aciertos y las crisis son bondades que sirven para la crítica, pareciera que nos olvidamos de los fines por alimentar el odio y dejamos de lado que no estamos aquí para destruirnos, sino para reconstruir la patria que irresponsablemente hemos destruido con el paso de los años.

Primero, creo que debemos ser objetivos y comprender que además de los fines sociales y altruistas que se pueden lograr, la actividad pública y política en su ejercicio considera la posibilidad de satisfacer las pasiones más incontrolables de una persona: 1) el deseo de poder; y 2) la posibilidad de generar riqueza; esto lo digo porque el tamaño de los intereses es proporcional a la forma de defenderles y en ello de influenciar a las colectividades para lograr los fines.

Segundo, creo que debemos comprender que hay una distancia grande entre “pensar diferente” y creer que nosotros “poseemos la verdad”, lo primero es sano para cualquier país que cumple los parámetros mínimos de ser una democracia, lo segundo es sinónimo de intolerancia, conlleva el deseo profundo de imponer su razón sobre la de los demás y es el responsable de numerosas e históricas catástrofes humanas a lo largo del mundo; por ello creo que debemos tomar conciencia de la posición que estamos tomando actualmente, sobre todo porque persistir en lo segundo, no nos hará ganar nada.

Naturalmente es imposible asegurar que se puede tener el control de las pasiones de todas las personas, incluso en ese sentido, me atrevo a decir que la facilidad histórica de satisfacerles en nuestro país es el principal factor que al día de hoy ha hecho que se acrecienten los problemas a lo largo y ancho del territorio; así como también es imposible pretender que todas las personas piensen del mismo modo, en el mismo sentido y bajo la misma lógica, por ello nuestra crítica no debe cuestionar la posibilidad de hacer uso de esas libertades, sino de la forma de hacerlo, bajo el objetivo de complementar las ideas con la pluralidad y no de destruir a quienes se les oponen.

Como seres pasionales con posibilidad de razonar y viviendo en un estado democrático, es que nos permitimos fijar posturas políticas por ideología y quizá también por interés, y en la medida de nuestros fines, capacidades, principios y posiciones, es que cada uno se desarrolla dentro de la vida pública.

Sin embargo, es un hecho incuestionable la forma tan radical en la que se está desarrollando la práctica de gobierno y quienes se oponen a él, pues aun y cuando son correctas ambas posturas, estamos enfocados en destruir a todo aquel que está en el “otro bando”.

No podemos permitirnos alimentar la idea de que estamos divididos entre buenos y malos, ni seguir construyendo oposiciones sin propuestas que enriquezcan las estrategias públicas, ni abandonar la idea de que tenemos un gobierno que representa a todos, incluso a quienes se le oponen; tenemos que aspirar, por el bien de todos, a respetar que existen personas que piensan distinto, con intereses diferentes y razones diversas, debemos entender que el fracaso del gobierno no es el triunfo de la oposición, sino la condena de un país y si un día aceptamos nuestras diferencias podremos entender que todos tenemos un fin exactamente igual y definido: un “México más chido”.

¡Chale!, sin temor a equivocarme, confío en que las crisis generalizadas deben ser atendidas con acciones, inteligencia, estrategia, amor a México y acabando con las divisiones porque solamente alguien cegado por el deseo personal de tener la razón, puede seguir alimentando las “guerras mentales” que literalmente están haciendo que nos cargue la fregada.

Diputado local Partido del Trabajo (PT), activista y fundador del Movimiento "Un grito de Existencia". 

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