03 / diciembre / 2021 | 23:16 hrs.

A salvo entre libros y a salvar los libros

Montserrat Morales

En 1992 el fuego dejó una marca en la historia de la humanidad: la Biblioteca Nacional de Sarajevo ardía sin control con todo su acervo dentro

En 1992 el fuego dejó una marca en la historia de la humanidad: la Biblioteca Nacional de Sarajevo ardía sin control con todo su acervo dentro. Este hecho fue producto de mentes radicales nacionalistas cuyas creencias se veían amenazadas por el significado arquitectónico del edificio. Así, volvía a brillar ante los ojos del mundo la amenaza del memoricidio ejecutado anteriormente por los nazis, y otros personajes del pasado.

A partir de 1997, gracias al trabajo de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil celebramos en varios países el 24 de octubre el Día Internacional de las Bibliotecas, cuyo objetivo es destacar el valor de estos lugares en las sociedades, su historia y, por supuesto, su presente y futuro; pues en ellas se alberga una gran riqueza cultural que es indispensable para el desarrollo de los individuos. La mejor forma de celebrar esta efeméride es acudir a una biblioteca y vivir la experiencia de los libros y todo aquello que los rodea, incluyendo a las personas que trabajan ahí.

En 2019 se llevó a cabo la XX Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Cultura de Iberoamérica, en la cual se proclamó el 2021 como Año Iberoamericano de las Bibliotecas para generar diálogos acerca del papel de las bibliotecas (sobre todo) en el desarrollo de los países participantes. Uno de los objetivos es poner atención en todas las clases de bibliotecas que existen: desde las tradicionales pasando por las digitales, hasta las que se ubican en cárceles o las que son itinerantes.

Es destacable hablar de la importancia que ha tenido la lectura a partir de la pandemia, pues ha sido evidente que la lectura, como siempre, fue un aliado de millones de personas que de pronto se vieron aisladas de las personas que las rodeaban. Al verse limitados de otras actividades como el deporte al aire libre, espacios de convivencia como restaurantes, bares, etc., los libros salieron al quite y se ubicaron pronto entre las manos de los fieles lectores.

En cuanto las puertas de las bibliotecas volvieron a abrirse, los antes muy asiduos visitantes regresaron gustosos a devolver sus préstamos con muchos días de retraso, pero muy agradecidos de la existencia de estos lugares y de los servicios que prestan a cualquiera que tenga ganas de entrar.

A raíz también de la pandemia y de la importancia evidente que tuvo la lectura durante los confinamientos, la Federación de Gremios de Editores de España encargó a Irene Vallejo (cuyo libro El infinito en un junco batió récords de ventas durante la pandemia) la escritura de un Manifiesto por la lectura. La autora, gustosa como siempre de compartir su amor por los libros, escribió un pequeño ejemplar muy conciso en el cual argumenta con datos, historia y mucha devoción por qué hay que poner a los libros y las bibliotecas en su lugar en nuestras sociedades:

Los libros dejan constancia de lo que fuimos y de lo que hemos superado, de lo que nos dolió y de lo que nos hizo mejores. […] custodiar las palabras significa también cuidarnos y velar por el mañana, frente a las incesantes amenazas del tiempo, la muerte y el silencio (Vallejo, pp. 42, 43, 2020).

Vallejo, I. (2020). Manifiesto por la lectura. España: Siruela.