18/03/2021
09:25
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Es curioso, aún existen muchos que apuestan a un régimen que caerá por su propio peso, rebasado por la realidad, rendido contra las cuerdas ante el fracaso económico, de seguridad y de polarización social que ahogará a la sociedad mexicana en algunos pocos años.

Lo curioso resulta en los ciudadanos que apuestan a ese giro del destino, no están errados. 

Sí, eso pasará en México: nuestra economía será más pequeña, habrá, en síntesis, más hambre y sí, también tienen razón, la violencia será algo constante y, sí, para colmo, las oportunidades se evaporarán casi por completo en una o dos o hasta tres generaciones. Sí, seremos un país fracasado.

Pero, lo que aún no queda claro a estos ciudadanos es la realidad de hoy.

La mayor parte de México vive en estos momentos en la miseria, la cosa estaba muy mal desde hace mucho tiempo y no ha parado de empeorar pero lo que el régimen ha logrado es, simplemente, empatizar con la realidad, ha logrado lo que el periodo neoliberal, simplemente, nunca pudo: vender una esperanza.

Esa esperanza, para la ciencia y para la técnica es imposible, irrisoria incluso, sin embargo existe en el discurso nacional y eso, aunque duela, es lo único que queda cuando se está muriendo de hambre.

Esperanza. Es la esencia de la 4T. Esperanza de un futuro distinto.

Y la razón es simple: a este país se le ha dañado tanto, que lo único que nos queda es, para la mayoría, eso, simple esperanza.

Tenía razón Carlos Loret cuando hace algunos días, decía en su espacio de internet que este es, simplemente, el gobierno de palabras.

Cuando la realidad vive arrebujada de tragedia con soluciones de largo plazo que no podrán ni verse ni disfrutarse, lo único que queda es eso, palabras.

Por eso es que hoy ser ciudadano es tan importante, entendernos como una colectividad que tiene que dar la mano al de abajo, al más necesitado, al que no tuvo las oportunidades que otros sí y al que la marginación llenó de resquemores, quizá legítimos, contra quien pudo salir avante.

Porque, ser ciudadano es también ser un voto. 

Y en una democracia, todos los votos cuentan, aunque la mayoría de ellos apueste solo a la venganza. 

De Colofón

El presidente ha perdido el piso, ¿cómo hacemos para convencer de que existe otro camino?, si seguimos en la polarización estamos jugando su juego. Es hora de ser ciudadanos. 

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