“Es el orgullo de mi nepotismo” 
José López Portillo. 



También se llamaba José Ramón y también era hijo de presidente, un hijo incómodo que ocupó el cargo de subsecretario de Programación y Presupuesto durante el sexenio de su padre, José López Portillo, y que jugó un papel clave en la nacionalización de la banca de 1982. 
 
Bajo sospechas de corrupción, sobre ese José Ramón, su padre, López Portillo, declaró: “Es el orgullo de mi nepotismo”,  una frase que quedó penosamente marcada en la historia de un país rebosante de impunidad
 
De la misma forma que López Portillo dijo defender al peso como un perro, hoy nuestro presidente, otro López, defiende fieramente a su hijo, otro José Ramón, por la infame casa gris. 
 
La reacción del iracundo López Obrador del viernes pasado, que cruzó peligrosamente la línea que separa a los demócratas de los tiranos y expuso datos privados y, para colmo, falsos por exagerados sobre los ingresos de Carlos Loret de Mola en revancha por destapar las mansiones donde habita su hijo en Houston y su tren de vida repleto de lujos, derivó el domingo en una burda caricatura de control de daños, chafa, como el sello de casa. 
 
El domingo por la noche, José Ramón López Beltrán publicó un comunicado brevísimo, pero lleno de erratas de redacción e imprecisiones a la verdad o, de plano, francas mentiras.  
 
Una muestra: dice el vástago presidencial que desde 2020 trabaja como asesor legal en Kei Partners, una empresa asentada en Houston dedicada a la construcción de desarrollos de lujo, pero al realizar una búsqueda en la barra de abogados de Texas, requisito legal indispensable para ejercer la profesión en el Estado, su nombre, simplemente, no aparece. ¿Trabaja, entonces, ilegalmente el hijo del presidente López Obrador en Estados Unidos?, ¿cómo pueden contratar a un asesor legal sin cédula norteamericana?, ¿quién le está haciendo el favor a López Beltrán? 
 
Quizá, la burla más vil a la inteligencia del pueblo mexicano es que la página de la empresa fue armada al vapor solo un día antes del comunicado del hijo del presidente, incluso algunas imágenes que la adornan fueron creadas horas antes del patético mensaje. 
 
Lo peor es que ayer el presidente, acorralado en su ira y luego de violar nuevamente la ley al exponer otra vez los datos de Loret, tuvo que confirmar que la empresa es propiedad de los hijos de Daniel Chávez, dueño de grupo Vidanta, un imperio involucrado en diseño, construcción de resorts y también “supervisor honorífico”, sea lo que sea que eso signifique, del Tren Maya.  

Más claro: el hijo de López Obrador devenga ingresos millonarios de una empresa propiedad familiar de un empresario cercanísimo a él, ¿no hay conflictos de interés?, ¿no le parece al ascético López Obrador que predica conformarse con un par de zapatos, cuando menos algo inmoral?  
 
El periodista de Telemundo, Edgar Muñoz, estuvo en las supuestas instalaciones de Kei Partners que hasta ayer se llamaban “Vaquero Strategy”, se encontró con una persona que primero le dijo que laboraba ahí y luego, inmediatamente, se retractó. “Algo muy raro está pasando, están todos muy nerviosos”, narraba para la televisión. 
 
Y sí, algo muy raro está pasando o quizá no tanto, más bien un lugar común, el cuento de siempre, el de los políticos corruptos y sus familias que viven al amparo del poder, el de los rateros y saqueadores del color que sean que no tienen llenadera. La mafia del poder en su apogeo. 
 
Lo inédito, eso sí, es que al menos hoy podemos ser testigos de cómo se derrumba el castillo de naipes de un presidente y el coraje lo lleva casi hasta la demencia. 
 
Vaya que la historia es cíclica, nos ha tocado vivir a otro López que dejará su gobierno enterrado, igual que en el pasado, por el orgullo de su nepotismo.

De Colofón

Sobre el escándalo Odebrecht, de acuerdo a la FGR no hubo más beneficiado de sobornos por más de 10 mdd que Emilio Lozoya, en teoría esto debería tumbar el expediente contra Ricardo Anaya y dejar en libertad al exsenador Jorge Luis Lavalle Maury que están en prisión por los dichos de “El Traidor” (nota al margen: lectura obligada a la obra de Mario Maldonado.) 

Pero eso no va a pasar, el presidente quiere sangre y la FGR se apresta a salir de cacería.  

@LuisCardenasMX

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