Show en lengua francesa. Batalla gala en el campo en el que faltó un ganador entre los Tigres de André-Pierre Gignac y el América de Jérémy Ménez. Ambos, gestores de un agradable empate 1-1 en el estadio Universitario.

Águilas (12 puntos) que rescataron el invicto y encontraron a un cobrador de penaltis efectivo en Ménez. Los felinos (8 unidades) siguieron aferrados a lo que pudiera hacer André-Pierre.

Y es que había demasiado dolor en el americanismo desde los 11 pasos. Desesperación, incertidumbre y lamento. Los azulcrema se han vuelto coleccionistas en el fallo de la pena máxima. Silvio Romero, Carlos Darwin Quintero, Oribe Peralta y anoche ante Tigres, Mateus Uribe al minuto 32. Son los nombres que han fallado como cobradores, que técnica ni emocionalmente lograron hacer válida la oportunidad más clara de gol que existe en el futbol.

Desastre desde el manchón, que se confirmó ante los felinos como el peor de los tormentos. América puede ser más peligroso en un tiro de esquina que con un penalti a favor. Historia tan triste como real.

Y existe una máxima del balompié que dicta: los goles que no hagas, te los harán.

En el mejor primer tiempo de la temporada, las Águilas se fueron abajo en el marcador.

Un desborde de Luis “Chaka” Rodríguez encontró la frente de André-Pierre Gignac. Este galo, desaparecido hasta entonces, marcó la diferencia antes del descanso. Encontró la portería de Agustín Marchesín vacía para convertir el 1-0 a favor de los Tigres.

Azulcremas frustrados para el descanso. Por eso, se reunieron en el centro del campo para intercambiar puntos de vista  y encontrar soluciones.

Tigres no cambió. Se mantuvo en la idea de contener los embates que generar los propios. Sus ideas fluyeron poco, como si tuvieran desinterés en este primer tercio del Clausura 2018.

Miguel Herrera comenzó a mover sus piezas. Le dio ingreso a Jérémy Ménez, quien no ha podido ser titular desde que llegó a México.

La entrada del francés alivió los padecimientos emplumados. No porque el galo haya tenido un desempeño de crack, digno de fichaje bomba, sino que estaba en la cancha en el momento justo.

El árbitro Fernando Guerrero se metió en líos: se le ocurrió marcar el segundo penalti para los americanistas en la noche, pese a que la jugada había acabado en gol a favor de los de Coapa.

Ménez, para fortuna de los capitalinos, pudo cobrarlo. Lo anotó. Rompió la malaria amarilla en esas ejecuciones con un disparo fuerte (68’).

Empate merecido por lo visto en el desarrollo del partido. Era injusto que los visitantes estuvieran perdiendo hasta ese momento del partido.

El atrevimiento fue foráneo. Las ansias del triunfo, también. Pero América se quedó cortó en sus intentos, por mas que intentó fastidiar a la zaga norteña.

Para los ojos del espectador, el juego tuvo tintes agradables, algo cercano a un clásico intenso y con destellos técnicos de nivel elevado.

Dos buenos planteles, poderosos y millonarios que gritaron sus goles en francés.

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