La entrada gradual de la reducción de la jornada laboral en México ya comenzó a generar movimientos al interior de las empresas, que deberán replantear esquemas de trabajo, distribución de personal y estrategias de productividad para adaptarse a uno de los cambios más relevantes en materia laboral de los últimos años.
Así lo señaló la presidenta de la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias (Amexme), Mónica Rivera, quien reconoció que la medida representará retos para el sector privado, aunque destacó que la transición permitirá a las organizaciones prepararse de manera paulatina.
Explicó que, al estar definido un proceso de implementación escalonado, las empresas cuentan con margen para ajustar sus estructuras internas y planificar cómo enfrentarán la reducción de horas laborales sin afectar sus operaciones.
“La tarea ahora será reorganizarnos”, planteó al referirse a la necesidad de adecuar las plantillas de trabajo y los procesos productivos para absorber los cambios que traerá la nueva disposición.
Rivera destacó que, incluso antes de que la reducción de la jornada laboral entre plenamente en vigor, diversas compañías han comenzado a aplicar medidas orientadas al bienestar de los trabajadores.
Entre ellas mencionó modelos de horarios más flexibles, esquemas de trabajo híbrido y facilidades que buscan mejorar el equilibrio entre la vida personal y laboral de los colaboradores.
Indicó que iniciativas como los llamados “viernes flexibles”, el trabajo remoto y otros beneficios complementarios han permitido a algunas organizaciones avanzar en una cultura laboral más adaptable a las nuevas necesidades del mercado.
La líder empresarial reconoció que la disminución de horas de trabajo tendrá efectos directos en la operación de muchas compañías, particularmente en aquellas cuya actividad depende de horarios continuos o de una alta demanda de personal.
Sin embargo, sostuvo que el carácter gradual de la reforma permitirá que los ajustes se realicen de manera ordenada y con una mejor planeación financiera y operativa.
“Es un cambio que inevitablemente tendrá repercusiones en las organizaciones, pero también abre la puerta a nuevas formas de gestionar el talento y fortalecer las condiciones laborales”, señaló.
Para el sector empresarial, el reto consistirá en mantener los niveles de productividad mientras se cumplen las nuevas disposiciones laborales y se generan condiciones que favorezcan la permanencia y satisfacción de los trabajadores.
Rivera consideró que muchas empresas ya han comenzado a tomar decisiones anticipadas para enfrentar el nuevo escenario, con el objetivo de que la transición sea menos compleja cuando la reducción de la jornada laboral avance en los próximos años.