Aunque pocas personas lo tienen claro, la legislación laboral ya contempla la posibilidad de ausentarse del trabajo por motivos de salud mental, siempre que exista una afectación comprobable que impida desempeñar las labores de manera adecuada.
De acuerdo con la Ley Federal del Trabajo, el sustento se encuentra en el artículo 42, fracción II, el cual establece que la relación laboral puede suspenderse temporalmente sin responsabilidad para el trabajador ni el patrón en caso de incapacidad temporal ocasionada por una enfermedad.
En este apartado no se limita el tipo de padecimiento, por lo que se incluyen condiciones de salud mental como ansiedad, depresión o estrés severo, siempre que sean diagnosticadas por un profesional.
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Además, el artículo 132, fracción XVI obliga a los empleadores a observar medidas de seguridad y salud en el trabajo, lo que se refuerza con la Norma Oficial Mexicana NOM-035, enfocada en la identificación y prevención de factores de riesgo psicosocial.
En la práctica, esto significa que un trabajador puede solicitar un descanso médico si presenta afectaciones emocionales o psicológicas que comprometan su desempeño, siempre respaldado por una incapacidad expedida por instituciones de salud como el IMSS.
Especialistas en salud mental coinciden en que hacer uso de este derecho no solo es válido, sino recomendable.
Han señalado que permitir pausas para atender la salud mental reduce el riesgo de problemas mayores, como el agotamiento extremo o el llamado “burnout”, además de contribuir a mejorar el ambiente laboral.