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Fernanda Trías: “He visto la transformación ocurrir frente a mis ojos, y la renovación será femenina”

La escritora que con el paso del tiempo reafirna su compromiso con la literatura, habla con EL UNIVERSAL de “Mugre rosa”, su nueva novela que el próximo año llega a México
Foto: Cortesía
12/07/2020
12:46
San Luis Potosí
Alex Reyes
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Atenta, generosa, encantadora, así es Fernanda Trías (Montevideo, 1976). Una escritora que, con el paso del tiempo, ha reafirmado su compromiso con la literatura y nos ha dejado historias inolvidables como su primera novela La azotea (2001), La ciudad invencible (2014) y No soñarás flores (2016). Ganadora del Premio Nacional de Literatura Uruguaya en 2002 y el Premio de la Fundación BankBoston para la Cultura Nacional Uruguaya en 2006. 

Platica en exclusiva con EL UNIVERSAL sobre la vida imperecedera de su primera novela, el éxito, los años de silencio y las lecturas “subterráneas”. También evoca a un viaje por su pasado, el triunfo en su juventud y nos adelanta detalles de Mugre rosa, su nueva novela que el próximo año estará en tierras mexicanas. Si algo queda claro, después de esta entrevista, es que Trías se ha convertido en una figura inolvidable que nos infunde, además, el maravilloso deseo de leer y releer su obra.

1.    Querida Fernanda, aunque tu obra recoge títulos como Cuaderno para un solo ojo y La ciudad invencible, es de reconocer que La azotea ha tenido un rotundo éxito desde su lanzamiento. ¿Cómo te enfrentas a esta historia a una edad tan temprana?

Tenía 22 años cuando escribí La azotea, la empecé en julio de 1998 y la terminé en julio de 1999. Yo no subestimo a los jóvenes escritores, muchos escribieron libros profundos e intensos siendo muy jóvenes, como la obra poética de Rimbaud, por nombrar un caso conocido. Creo que a los veinte años ya se tiene buena parte del material con el que se podría trabajar toda la vida. Ese material se gesta muchas veces en la infancia, las pérdidas, los dolores de la adolescencia, la familia. 

El "éxito" de La azotea no fue inmediato. En Uruguay se publicó en 2001 y sí tuvo un cierto reconocimiento que me valió algunos premios, pero luego el libro cayó en un silencio de nueve años. Se seguía leyendo de manera subterránea, pasando de mano en mano entre algunos lectores, pero nada más. El otro día alguien me decía que no entendía cómo ese libro no había sido un fenómeno teniendo en cuenta ciertos elementos de marketing, ya que se trataba de una autora muy joven, una mujer, además, que escribía sobre unos temas bastante sórdidos. Sin embargo, esto que ahora se ve con ese potencial de mercado, en aquella época no existía. Y está bien que no existiera. Ahora se crean fenómenos literarios. Se inventan personajes. Hay agentes que tiene una enorme capacidad para crear "productos" y lanzar la bola de nieve, pero muchas veces los libros no acompañan y eso se convierte en una bomba de humo. 

Pasaron los años y de a poco La azotea se fue redescubriendo, se fue reeditando y leyendo en distintos países, llegó a la mano de lectores que, en 2001, tal vez tenían diez años y eran jóvenes. Eso es lo maravilloso de los libros, no tienen tiempo. Por eso también me entusiasma mucho la publicación de la edición mexicana de La azotea, que está planeada para noviembre por Dharma Books.

2.    Aunque esta obra fue escrita en el siglo pasado y no fue sino hasta el 2001 cuando se publicó, al día de hoy ha llegado a distintas editoriales, ¿cuál fue la recepción de tus lectores en otros países?

La azotea siempre se ha leído muy bien. Tiene algo que apela a muchos tipos de lectores, y para mi sorpresa también resiste fronteras. Digo sorpresa porque, en realidad, es una novela muy uruguaya. Oscura, cerrada. Pero la historia es universal. Yo me cuidé bastante, en aquel momento, de no situar específicamente la novela en ningún lugar, quería que ocurriera en un no-lugar, aunque sin duda tenía reminiscencias de Montevideo. Y tal vez por eso da la impresión de que podría estar ocurriendo en cualquier lado.

3.    Ahora que La azotea será publicada en otros territorios, en los que afortunadamente se encuentra México, ¿cuál esperas que sea la experiencia de reabrir una historia que tiene casi 20 años viajando de un lado a otro? ¿Es la misma sensación de alegría, o acaso figura la incertidumbre de la recepción?

La incertidumbre siempre está presente, creo yo. Pero prima la alegría. Yo no me preocupo tanto por la recepción porque creo que el libro viaja solo. De muy joven tuve la suerte de tener un maestro, el escritor uruguayo Mario Levrero, y él me enseñó muchas cosas que tienen que ver con el "ser escritor", por decirlo de algún modo. Él me decía que debía aprender a desoír el canto de las sirenas. Me decía que era mejor que el reconocimiento no te llegara de golpe y siendo demasiado joven. Y yo aún creo en eso. El anonimato te sirve para no sentir ninguna presión, te deja en libertad absoluta porque nadie espera nada de vos. Bueno, tampoco es recomendable que pase todo lo contrario y que nadie te lea, pero La azotea fue recibiendo la atención que le correspondía con el paso de dos décadas y eso está bien.Los libros siempre hacen sus propios caminos. Creo que la manera en que un libro se mantiene vivo a lo largo de las décadas es cuando pasa de mano en mano, cuando la recomendación es boca a boca. Esa es la manera en que yo misma voy descubriendo autores.

4.    Todos los lugares que aparecen en La azotea son espacios cerrados, salvo el que le da título al libro. A esa edad, ¿el exterior amenazaba tu tranquilidad?

Sí, yo siempre he sentido que el exterior es un lugar hostil del que debo resguardarme. Mis experiencias tempranas con el mundo exterior no fueron buenas. La escuela y la secundaria me resultaron espeluznantes. Para mí la escuela es una máquina de destrucción, lo que se quieren destruir es la individualidad de cada niño y homogeneizar todo, la manera de pensar y sentir, de hacer, de vestirse. Y lo hacen mediante la burla y la represión. Yo tenía una esencia rebelde, pero sobre todo era muy introvertida, me sumergía en mi mundo interior y mi fantasía. Siempre me ha gustado estar sola.

5.    Dicen que los escritores escriben sobre temas que a menudo les obsesionan, ¿contigo sucede lo mismo?

Si el tema no me obsesionara no me tomaría el trabajo de estar años de mi vida escribiendo sobre eso. Escribir es un proceso muy intenso. Necesito que el tema me obsesione lo suficiente, si no lo abandono rápido. Eso me pasa con algunos textos que empiezo y dejo. Hay obsesiones que duran un tiempo y se agotan; pero hay otras que se mantienen a lo largo del tiempo y vuelven y vuelven. Cada vez que lo hacen las intento abordar desde un lugar distinto, intento una reescritura desde otro ángulo, a ver si esta vez sí logro agotarlas. A veces lo logro. 

6.    ¿De dónde surge el interés por abordar los tipos de violencia en tus obras?

De la experiencia. La vida (sobre todo la vida para una mujer) es supremamente violenta. Pero es imposible no mirar hacia afuera (aunque solo sea desde una pantalla, por Twitter, por ejemplo) y no ver violencia por todos lados. El ser humano no sabe convivir. Está muerto de miedo a la diferencia y el miedo solo produce violencia.

7.    En Uruguay han nacido escritores inolvidables como Juan Carlos Onetti y Horacio Quiroga, pero también se suman mujeres como Ida Vitale y Juana de Ibarbourou, ¿cómo es para ti sumarte a la lista de escritores de tu país? 

Marosa di Giorgio, Idea Vilariño, Armonía Somers, Cristina Peri Rossi. Sí, ha habido y hay unas escritoras maravillosas.  Me reconozco en ese linaje con mucho orgullo. Y no solo en la escritura, que suele ser muy poética y a la vez intensa, sino en la valentía con la que eligieron vivir sus vidas como mujeres creadoras. Yo creo que ser parte de una tradición literaria rica, como pasa en México, sin duda, te da mucha fuerza, te sentís acompañada y al mismo tiempo sabés que llevás una antorcha que hay que lograr mantener en alto, lo que no es fácil. Puede producir angustia. Lo mejor, para mí, es seguir para adelante, escribir con furia, afirmando tu propia voz, y no mirar para los costados.

8.    A propósito de figuras inolvidables, Fernanda, ¿quiénes fueron las mujeres que participaron en tu formación como escritora?

La escritora chilena Diamela Eltit, con quien pude trabajar mi proyecto de tesis en la Maestría de la Universidad de Nueva York. Ella es una inspiración constante, pero también lo son muchas escritoras a las que no pude conocer y que me mostraron que se puede escribir y ser mujer, me refiero a las autoras que leí de joven: Carson McCullers, Flannery O'Connor, las uruguayas que te mencioné, Josefina Vicens, María Luisa Bombal, Virginia Woolf, Colette, etcétera. También Margo Glantz, y las argentinas Hebe Uhart, María Moreno y Liliana Heker, aunque no creo que ellas lo sepan. (Ríe.) Hablando con ellas, leyéndolas y viendo cómo asumen el oficio.

9.    Es cierto que, en los últimos años, al menos en el caso de ficción, son las obras escritas por mujeres las que se leen más y los catálogos de las editoriales son liderados por escritoras, pero no sucede lo mismo en situaciones de prestigio, principalmente en Latinoamérica y en España. Un claro ejemplo es el Premio Cervantes o el Nobel de Literatura, donde sus nombres aparecen con dificultad. ¿Consideras que surge una infravaloración por la obra de las autoras en estos casos tan particulares?

¿Quiénes otorgan los premios? Si nos fijamos en quiénes componen los jurados vamos a entender rápidamente por qué todavía pasa esto. Pero eso está cambiando. Sin embargo, aún debe generarse un cambio de paradigma muy profundo, muy lento. Los hombres que están en situaciones de poder seguirán aferrándose con uñas y dientes a ese pequeño espacio. Pero incluso los hombres están aprendiendo a leer autoras. Cuando yo empecé a publicar, los lectores hombres no tenían casi nombres de escritoras en la cabeza. Si les preguntabas a qué escritora habían leído, les costaba buscar algún nombre, algún clásico indiscutible. Si mirabas los catálogos locales no encontrabas casi mujeres jóvenes publicando. Si leías los programas de los cursos de literatura de las universidades era normal que no hubiera ni una autora. Yo he visto la transformación ocurrir frente a mis propios ojos, por eso no me cabe duda de que la renovación será femenina. ¿Que hay una infravaloración? Claro que la hay. Pero eso no es novedad, no puede sorprender a nadie. El tema es qué estamos haciendo cada una de nosotras desde nuestra lucha personal para ayudar a que eso cambie. 

10.    Desde hace algunos meses enfrentamos una pandemia que nos ha confinado a todos en nuestros hogares, ¿este periodo de aislamiento ha sido de escribir?

Las primeras semanas de encierro estricto me afectaron la concentración. Me costaba leer, por ejemplo. Estaba demasiado en el "afuera", paradójicamente, porque estábamos todos adentro pero constantemente asomados a la ventana de las redes sociales, constantemente opinando y tratando de entender un mundo que estaba cambiando muy rápido. Pero no duró mucho ese estado para mí. Creo que no es necesario entender todo ya. Creo que las cosas enormes deben digerirse de a poco. Tanta opinología me da risa. Veo a los escritores e intelectuales opinando de un presente que está cambiando a cada segundo y me pregunto de dónde nacerá esa necesidad tan fuerte de darle un sentido coherente al sinsentido. Lo que yo veo es pánico, es intentar armar un discurso alrededor de algo que aún está desarrollándose para fingir que se tiene el control de la situación, al menos desde el punto de vista racional. Pero es una ilusión. No tenemos ningún control, y las emociones están descontroladas. Cuando hice las paces con eso, pude volver hacia adentro, buscar sosiego en el silencio (algo que, al parecer, ha dejado de existir) y ponerme a escribir. Creo que los escritores deberíamos cerrar un poco más la boca.

11.    Me comentabas hace unos días sobre una nueva novela que está en camino y que se publicaría con Penguin Random House, ¿podrías adelantarnos algunos detalles sobre este proyecto?

Mugre rosa es una novela que comencé a escribir en 2018 gracias al premio que dan en España para escritores latinoamericanos (SEGIB-Eñe-Casa de Velázquez). Es una novela que habla de una catástrofe ambiental y que tiene en su centro la relación de una mujer con un niño enfermo. La enfermedad es uno de esos temas que me obsesionan, como te contaba arriba. La enfermedad, el cuerpo, las relaciones familiares rotas y la destrucción del planeta. Es un poco apocalíptico, como lo que está pasando en este momento. (Risas.) Así que tal vez haya sido premonitorio. Saldrá primero en Uruguay y Colombia, y el año que viene en otras regiones, entre ellas México.

12.    Por último, querida Fernanda, ¿hay algo que desees compartir con tus lectores mexicanos, a propósito de estas publicaciones que están en camino?

Solo decirles que ojalá nos podamos encontrar pronto. Tengo un viaje programado a la FIL de Guadalajara para el lanzamiento de La azotea en noviembre, y estoy prendiendo velas para que algo mágico suceda y no se cancele. Pero si no nos encontramos en persona, siempre vamos a poder encontrarnos en los libros.

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