El Príncipe está en su patria, la que lo vio nacer y que ahora lo resguarda, lejos del caos, al lado de su madre en el Panteón Francés. Sí, una parte de José José por fin reposa. Doce días de espera, un vuelo de Miami a México, un homenaje en cada ciudad y una peregrinación, todo para despedir al Príncipe como un rey.

La sala Signature Flight Suport (para vuelos privados) en aeropuerto internacional de Miami, está lleno a las 4:30 de la mañana. El Boeing 737-800NG, perteneciente al Escuadrón aéreo 502 de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador envió a Miami, trasladó las cenizas del intérprete mexicano colocadas en un féretro de oro, junto con sus dos hijos Marysol y José Joel. La prensa nacional e internacional fue invitada y EL UNIVERSAL también.

Tres horas después, José José toca suelo mexicano; una carroza de modelo antiguo lo esperaba. Su hijo José Joel pronuncia un agradecimiento por el apoyo recibido del Presidente de México, Andrés Manuel López ObradorMarysol también tuvo palabras. “Hemos traído al corazón de nuestro adorado Príncipe de la canción, de mi papá, ya está en su patria”.

Rumbo a Bellas Artes, los mexicanos demuestran el gran amor a su ídolo. Mujeres hombres, jóvenes, adultos, ancianos, a pie, en auto, gritan porras al gigante del amor, se detienen a verlo pasar, tocan los cláxones, cantan sus canciones y las ponen a todo volumen. Es el paso de un auténtico príncipe que es despedido por sus admiradores.

Con la misma emoción, gritos de alegría, aplausos, porras y uno que otro llanto son recibidos en el Palacio de Bellas Artes los restos de José José.

“Llegué desde las 7:00 de la mañana”, comenta una señora que porta una fotografía de su ídolo.

La fila da tres vueltas a lo largo de un costado del Palacio, el ambiente está lleno de fiesta, los asistentes cantan “Cielito lindo” a todo pulmón. Las porras para José José no se hacen esperar, siempre se escuchan aplausos.

“José José me recuerda mucho a mi esposo que ya tampoco está con nosotros”, dice una mujer.

“Tu pueblo te estaba esperando”, grita una chica.

El ambiente comienza a llenarse con un tenue olor a flores que portan las personas con el fin de dejarle una rosa blanca al lado de los restos de don José.

“Sarita” Sosa se gana el título de “villana de México”, los presentes dirigen insultos a la hija menor de José José, gritan que no se le ocurra pisar tierras mexicanas, además de dedicar porras ofensivas por la cremación de los restos del intérprete de “Volcán” y por “la falta de ética y cariño que demostró hacia el pueblo de su padre, hacia todo México”, menciona un joven.

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Las calles aledañas se cierran, todos corren a Eje Central, los policías comienzan a pelear con los asistentes, José José está cerca del Palacio, el cortejo fúnebre aparece mientras la gente aplaude. “Fuera Sara, te odiamos” y “Sí se pudo” son los gritos que acompañan la llegada del intérprete de “Si me dejas ahora” al Palacio de Bellas Artes.

Adentro, montan guardia los hijos mayores del intérprete, junto con su madre Anel.

Varias personas que pasaban frente a ellos les expresaban su aprecio con señas y gritos. Una mujer les lanza un beso. “¡Estamos con ustedes!”, excalama otra. El público aplaude y vitorea a su astro mientras camina frente a los restos durante tres horas.

También montan guardia la alcaldesa capitalina Claudia Sheinbaum, la secretaria de Cultura de la ciudad, Alejandra Frausto, y el músico Roberto Cantoral Jr., cuyo padre compuso “El triste”, una de las más famosas y populares canciones de José José.

Afuera sigue la emoción y la tristeza. “Sólo yo seguiré siendo tuyo”, se lee en un letrero, como la canción de José José que le dedica a su esposo María Juana Hernández, empresaria de 62 años.

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Los vendedores también hacen lo suyo. Playeras a 100 pesos, pañoletas y fotografías del Príncipe de la canción a 10, discos MP3 a 20, aguas a un costo similar y paletas para aguantar los más de 20 grados centígrados, a 15.

El tiempo apremia, pasan de las 13:00 horas, el féretro es retirado. La fila se agiliza y algunos corren, pero ya no alcanzan. Esperan una hora más con la esperanza de verlo. Demasiado tarde. “Qué importa si ya no está, la idea es darle su adiós como sea”, expresa Rosa Cruz, una mujer de 65 años.

Cientos de personas corren afuera a ver por última vez la carroza que lleva los restos del artista que circula sobre Eje Central y avenida Hidalgo. Le lanzan rosas.

La carroza llega a la Basílica de Guadalupe. El reloj monumental de la Plaza Mariana toca la música de “El triste”. Sus hijos lo acompañan en todo momento.

Monseñor Gustavo Moreno, canónigo de la Basílica de Guadalupe, celebra la misa, la gente toma fotos, monseñor Moreno pide por el descanso del alma del cantante, José Joel estrecha durante la comunión la mano de los que se le acercan. Toca la estudiantina de la Universidad La Salle (“Amar y querer”), Marysol interpreta la alabanza “Cara a cara”. Está conmovida.

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Entre aplausos y gritos de “sí se pudo”, José José vuelve a la carroza. Siguiente destino: el Parque de la China.

La colonia Clavería, que vio crecer a José Rómulo Sosa, se desborda por su Príncipe, quien ya tiene su estatua ahí. La familia de José José vuelve a agradecer y le canta a su padre “Ya lo pasado pasado”.

José José por fin se dirige a su lugar de descanso final. Ahí reposa su madre, Margarita Ortiz y con ella estará, dice su familia, tal como fue su volutad.

En medio del tumulto y en una marcha lenta, el ataúd dorado llega al panteón. Cientos de fans y curiosos aplauden, lanzan rosas blancas y se acercan casi hasta la fosa. “El triste” se escucha, todos se la saben, todos lloran y dan el pésame a la familia, a la mitad, porque la otra mitad se quedó en Miami: Sara esposa y Sara hija.

Nueve horas después de pisar México, José José, quien murió el 28 de septiembre a los 71 años, descansa en su país. Al fin y al cabo ya lo pasado. pasado...

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