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Alan, el pequeño soldado que saludó a cada militar durante el desfile en SLP

Con el uniforme de GAFE de pies a cabeza y la mirada fija en los contingentes, Alan siguió el desfile del 16 de septiembre junto a su papá y hermana

Con su pequeño uniforme, Alan permanecía atento al paso de los contingentes. Foto: Jazmín Ramírez
16/09/2026 |14:08
Jazmin Ramírez
Reportera multimedia en San Luis PotosíVer perfil

Entre los cientos de personas que este 16 de septiembre se reunieron para mirar el desfile en el Centro Histórico de San Luis Potosí, había un espectador que difícilmente podía pasar desapercibido. No era por estar en primera fila ni por llevar una bandera más grande que los demás. Era por su uniforme.

Alan, de nueve años, estaba vestido de soldado perteneciente al Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) de pies a cabeza. Con su pequeño uniforme, permanecía atento al paso de los contingentes, acompañado de su papá y hermana.

Pero mientras los demás espectadores miraban, tomaban fotografías o grababan con sus celulares, Alan tenía una tarea muy particular: saludar a los militares que pasaban frente a él.

Cada vez que aparecía un contingente, el niño levantaba su mano hasta la cabeza y hacía el saludo militar. Uno tras otro. Sin perder la concentración y sin dejar de mirar a quienes marchaban frente a él.

Un sueño entre uniformes

Alan no había elegido ese atuendo por casualidad. Su papá explicó que el pequeño tiene nueve años y sueña con ser soldado, y que por ello quiso acudir al desfile vestido como aquello en lo que algún día aspira a convertirse.

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Y entre todos los contingentes que avanzaban por las calles del Centro Histórico, había uno que esperaba especialmente. Quería ver a los soldados.

Su mirada permanecía pendiente de los uniformes militares que aparecían entre las bandas de guerra, las escoltas y los demás participantes. Para Alan, aquella mañana no era solamente un desfile. Era la oportunidad de mirar de cerca a quienes representan aquello que él quiere ser cuando sea grande.

Cada vez que aparecía un contingente, el niño levantaba su mano hasta la cabeza. Foto: Jazmín Ramírez

Su pequeño ritual tampoco pasó desapercibido para quienes estaban del otro lado de la calle. En medio del desfile, dos militares se acercaron a Alan. El niño volvió a levantar la mano para saludarlos. Esta vez, sin embargo, no se limitaron a responderle el saludo.

Los militares le regalaron un parche alusivo, un pequeño recuerdo que el niño recibió mientras permanecía vestido con su uniforme y con la emoción de tener frente a él a quienes había esperado ver durante toda la mañana.

La escena duró apenas unos momentos, pero fue suficiente para convertir una mañana de desfile en un recuerdo especial para el pequeño.

Mientras el resto de los contingentes continuaba avanzando por el Centro Histórico, Alan siguió atento.

A su alrededor había estudiantes con trajes típicos mexicanos, escoltas, bandas de guerra, elementos de seguridad y familias enteras siguiendo la celebración. Pero entre todo ese movimiento, el niño seguía buscando los uniformes que más le interesaban: los del Ejército.

Con apenas nueve años, Alan llegó al desfile vestido como soldado, saludó a quienes marchaban y terminó llevándose a casa un parche que le regalaron dos militares. Quizá para muchos de los asistentes fue tan solo un detalle más de la celebración. Para él, pudo ser algo distinto: un pequeño acercamiento al sueño que, desde ahora, ya sabe que quiere perseguir.

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