Una cruz de cal y arena divide la sala de la que era la casa de Miguel, a su alrededor hay cuatro veladoras, unas gorras, flores y en la parte de arriba un cuadro con una fotografía de Miguel, misma que lo muestra, sereno y sonriente. Ahí se realizan los rosarios, sus padres Carolina y Miguel, aún no logran digerir cómo fue que su hijo de 16 años lleno de tanto cariño y sueños por cumplir fue arrebatado violentamente por un arma a manos de otro jovencito al que ni siquiera conocía, y que sin dirigir siquiera una palabra, le apuntó a la cabeza y lo asesinó.

Carolina narra que el sábado 24 de enero transcurría normal, su hijo tras cumplir con sus deberes en casa obtuvo el permiso para salir por la noche con su medio hermano de 18 años, -eran inseparables, se querían muchísimo-, Miguel no iba particularmente a la fiesta en la que ocurrió el hecho, su hermano y él estaban en otro sitio, sin embargo, acudió hasta el salón privado ubicado en Las Flores para recoger unas gorras que días atrás había prestado a otro amigo. Su mamá inquieta porque ya era de madrugada mantenía comunicación con él lo llamó y Miguel le contestó que ya estaban saliendo del lugar y en minutos estarían en casa, lo cual no ocurrió.

Pasaron cerca de 20 minutos del último mensaje con su hijo cuando recibió la llamada de su ex pareja alertando que Miguel había sufrido un accidente.

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“Le marqué y ya no me contestó, y ya enseguidita fue cuando cuando él (el padre de Miguel) me marca y me dice, -Vente a esta ubicación, Miguel tuvo un accidente-. Entonces este pues yo luego luego me fui para allá”.

El hermano de Miguel fue quien dio aviso a su papá sobre lo que había ocurrido, y al llegar, su padre de mismo nombre se encontró con su hijo sin vida tendido en el suelo, la policía tardó más de una hora en responder al llamado de auxilio.

¿Qué fue lo que ocurrió?

Los padres de Miguel narran que su hermano mayor refiere que tras recoger las gorras de Miguel se despidieron e iban de salida, cuando el mismo Miguel se percató que le faltaba una, se regreso por ella y al pedírsela a su amigo, llego el otro joven al cual no conocían y sin mediar palabra le apuntó a la cabeza y disparó.

“Cuando ella le marca, me imagino que es cuando ya iban de salida. Pero a mi hijo le faltaba una gorra de sus gorras y se regresó por ella. Y fue ahí cuando pasó.

"Me platica mi hijo que él se acercó con el amigo que traía la gorra y ahí pidiéndosela entre amigos, y el otro llegó y le disparó. Así. En realidad no, pues no hubo nada entre el agresor y mi hijo, no, no hubo nada, no hubo ni palabras ni nada, solo llegó y disparó”.

Foto: Nancy Hernández EL UNIVERSAL
Foto: Nancy Hernández EL UNIVERSAL

Según los testimonios de compañeros y amigos antes de que Miguel y su hermano llegaran al sitio, el joven que traía un arma ya había lanzado disparos al aire presumiendo que portaba el arma de fuego; el mismo asesino de Miguel aún no ha sido identificado, esa noche huyó del lugar tras disparar. Lo poco que se sabe es que iba acompañando a uno de los jóvenes que se encontraban en la fiesta.

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Entre el dolor y el miedo a la espera de Justicia

Miguel y Carolina, en medio del dolor reconocen que no hay nada que pueda regresarles a su hijo con vida, se confiesan creyentes y confían en la justicia divina, no obstante, también están desesperados porque la justicia terrenal no llega, y las autoridades no les brindan información para tener la certeza de que el asesinato de su hijo no quedará impune, que el joven que le arrebató la vida y los sueños a Miguel enfrentará la justicia.

“Nosotros solo queremos que mi hijo ya descanse tranquilo, justicia, que se haga justicia, pero que también nosotros poder estar tranquilos, o sea, a mí me da mucho miedo ahora que empezaron a salir las fotos del agresor pues que nos vayan a buscar, o sea, yo yo no sé quién es el papá de este niño y porque tenía un arma, quiénes son, a qué se dedican”

“sí, queremos justicia porque cómo cómo es posible que el salir a una fiesta, de un adolescente, como a todos nos pasó, que quisimos salir, o sea, él era un un joven con el cual estábamos en comunicación, estábamos ahí al pendiente, los padres de este joven también son responsables ellos porque, por qué tenía una pistola, y dónde está, porque no lo hacen responsable de lo que hizo”

Han transcurrido 10 días desde el asesinato de Miguel, hasta el día de hoy la fiscalía no ha emitido ningun tipo de información sobre lo ocurrido. Fue hasta que mediante redes sociales el caso de hizo mediático el fin de semana, cuando el Cobach compartió una esquela, sin embargo la fiscalía mantiene el silencio sepulcral. La Fiscal, Manuela García Cázares no se presentó este martes a la mesa de la Construcción de la Paz. La familia permanece mientras tanto con esa respuesta de hace una semana, “déjenos trabajar”.

El recuerdo de Miguel

Miguel tenía apenas 16 años, cursaba el 3er semestre del Colegio de Bachilleres en el plantel 26, iba en el turno vespertino. Su madre lo describe como un “niño lleno de amor”, risueño, gracioso, muy divertido al igual que cariñoso y protector, apegado a sus primas, su tía, su abuela y su mamá con quienes vivía. Desde temprana edad cuando murió su abuelo se convirtió en el hombre de la casa.

Gracias a su papá aprendió a cortar el cabello y era “muy sensible”, por la profesión de su mamá (trabajadora social en educación especial), brindaba su apoyo y le cortaba el cabello a niños con discapacidad.

Era disciplinado, además de sus estudios le gustaba hacer ejercicio, iba al gimnasio y también practicaba box. Y días antes le confesó a su mamá estar ilusionado con una compañera, junto a su mamá compraron un obsequio para pedirle que fuera su novia, el cual, no alcanzó a ser entregado.

Carolina con la ausencia que la muerte de su hijo le ha dejado, reafirma que “hizo todo y lo mejor que pudo” por su hijo, platicaba con él todo el tiempo, le inculcó valores y se convirtió en su fiel compañero, y hoy, solo pide justicia, porque sostiene que como le ocurrió a Miguel, puede pasarle a cualquier otro joven.

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