A tan sólo 20 minutos de la ciudad o a un día caminando desde la Sierra de San Miguelito, se encuentra la Cañada del Lobo, un sitio que durante el día es frecuentado por familias, deportistas y visitantes que buscan contacto con la naturaleza, pero que al caer la noche se transforma en escenario de relatos inquietantes.
En este lugar, rodeado de vegetación y senderos, vivió durante años Nicolás González Rosales, conocido como “El Búfalo Blanco” y popularmente identificado como “El Ermitaño”.
El hombre falleció en 2020 a los 105 años, pero su historia permanece viva entre quienes lo visitaron o han escuchado sobre su experiencia en la zona.
De acuerdo con testimonios que el propio ermitaño compartía en vida, en la cañada habitaban entidades extrañas, como brujas y duendes de distintos colores, a los que describía con olores desagradables.
Relataba que, en ocasiones, durante la noche, estos seres llegaban a atacarlo físicamente.
El hombre aseguraba conocer profundamente la flora y fauna del sitio, al que consideraba un punto central de prácticas relacionadas con la magia oscura.
Visitantes que acudían a su cabaña coincidían en que los animales que llevaban, especialmente perros, mostraban comportamientos alterados, como si reaccionaran ante presencias invisibles.
Además, en la zona se reportaban sonidos inusuales: risas, lamentos, gritos e incluso rezos, los cuales, según el ermitaño, correspondían a almas que permanecían en el lugar tras haber fallecido ahí.
También, mencionaba la presencia de rituales y ceremonias de carácter oscuro.
Entre sus relatos más impactantes, narraba que detrás de su vivienda existían dos altares dedicados al diablo.
Incluso afirmaba haber tenido un encuentro directo con esta entidad dentro de su cabaña, episodio en el que, según su versión, perdió la vista a cambio de conservar la vida.
Tras quedar ciego, decía haber desarrollado una sensibilidad especial que le permitía percibir con mayor claridad a estas presencias, las cuales, aseguraba, se manifestaban principalmente durante la noche.
El ermitaño subsistía mediante la venta de leña y el apoyo ocasional de quienes lo visitaban.
También se le atribuía la labor de orientar a las personas que se adentraban en la cañada, ayudándolas a salir sin contratiempos, ya que se creía que en el sitio ocurrían accidentes relacionados con estas energías.
Otro de los elementos que forman parte de la tradición oral del lugar es la existencia de una cruz en la cortina de la presa, la cual, según se dice, pertenece al alma de un fraile vinculado a la magia blanca, quien protegería a los visitantes de las fuerzas malignas presentes en la zona.
Los relatos también incluyen la presencia de nahuales, descritos como aves que, según la creencia popular, pueden transformarse en figuras humanas.
La historia del ermitaño trascendió más allá del ámbito local, al ser retomada en programas de televisión como "Extranormal".
Aunque Nicolás ya no habita el lugar, su cabaña continúa siendo visitada por personas que buscan experimentar la atmósfera del sitio.
Quienes acuden aseguran percibir un ambiente distinto, acompañado en ocasiones por hallazgos como cruces o restos que, según interpretan, estarían vinculados a rituales realizados en la zona.
Así, la Cañada del Lobo se mantiene como un espacio donde conviven la naturaleza y el misterio, alimentando una de las historias más inquietantes del imaginario potosino.