En medio del silencio solemne que caracteriza a la Procesión del Silencio en San Luis Potosí, existen voces que irrumpen no para romper la esencia del acto, sino para darle profundidad.
Son los pregoneros y saeteros, figuras que, desde las alturas de los balcones, acompañan con palabra y canto uno de los momentos más representativos de la Semana Santa potosina.
Para Juan Velázquez, actual presidente del Consejo de Pregoneros por parte de Tradiciones Potosinas, y pregonero y saetero esta labor no es sólo una participación, sino una vivencia profundamente ligada a la fe.
Su historia dentro de la procesión comenzó hace 15 años, cuando decidió integrarse como cofrade en la Cofradía Guadalupana, motivado principalmente por una inquietud espiritual.
En ese entonces, más que una promesa o tradición familiar, fue la fe lo que lo llevó a formar parte de este acto religioso.
Con el paso del tiempo, la experiencia de vivir la procesión desde dentro marcó un antes y un después en su vida.
Lo que inició como una participación ocasional se convirtió en una necesidad personal de continuar, de regresar cada año y de seguir formando parte de ese momento.
Tras varios años como cofrade, en 2017 dio un giro a su participación al integrarse al taller de pregones y saetas, donde desde entonces ha permanecido activo.
Su llegada, relató, se dio casi por coincidencia, cuando un conocido lo invitó a probar suerte debido a sus cualidades vocales.
Luego de someterse a pruebas de voz y dicción, además de compartir su motivación espiritual, logró incorporarse al grupo, donde hoy suma cerca de nueve años de trayectoria.
Desde entonces, su papel ha cambiado, pero no su esencia.
Ahora, desde los balcones, su voz acompaña a quienes marchan abajo.
Para él, este rol tiene un significado especial, pues conoce de primera mano el esfuerzo físico y emocional de los cofrades.
Recordó que uno de los momentos más impactantes de su trayectoria ocurrió durante su primer año como pregonero, cuando le tocó declamar frente a la cofradía a la que perteneció durante años.
La emoción fue tal que, al terminar su intervención, no pudo contener el llanto.
“Es un sentimiento muy fuerte ver pasar a quienes fueron tus compañeros y no estar ahí con ellos, sino desde otro lugar, pero acompañándolos con la voz”, relató.
Explicó que tanto el pregón como la saeta tienen raíces en las tradiciones de Semana Santa en España.
La saeta, en particular, proviene del canto flamenco y tiene origen en comunidades gitanas, donde surgió como una expresión de dolor, incluso vinculada a relatos de condenas y despedidas.
Con el tiempo, estas manifestaciones fueron incorporadas a las procesiones religiosas, hasta llegar a San Luis Potosí como una adaptación que hoy forma parte esencial de la procesión.
Invitar a la reflexión, la misión del pregonero
En este contexto, el pregón y la saeta cumplen una función específica: ser la voz que interrumpe el silencio marcado por tambores y clarines, no para alterarlo, sino para invitar a la reflexión.
Mientras el pregonero declama con intensidad, el saetero interpreta un canto sin acompañamiento musical, conocido como “a palo seco”, cargado de emoción y dramatismo.
Ambas expresiones comparten un rasgo: no son suaves ni ornamentales, sino profundas, intensas, incluso desgarradoras.
Su intención es transmitir el dolor de la pasión y conectar a quienes presencian la procesión con el significado del Viacrucis.
Además, subrayó que la procesión representa un momento posterior a los hechos de la pasión, donde se acompaña a la Virgen en su soledad, en la noche del Viernes Santo, lo que convierte a estas intervenciones en un elemento clave para recrear ese ambiente de duelo.
Actualmente, los pregoneros y saeteros se distribuyen en distintos balcones a lo largo del recorrido, iniciando desde el entorno del templo del Carmen y pasando por puntos como museos, calles del Centro Histórico y el Palacio Municipal, desde donde realizan sus intervenciones.
La voz, un impulso para continuar
Más allá de la técnica, Velázquez enfatizó que su labor también tiene un propósito: motivar a los cofrades que avanzan en la procesión, quienes muchas veces enfrentan el cansancio físico.
Escuchar una saeta o un pregón, dijo, puede ser el impulso necesario para continuar.
Al finalizar la procesión, los integrantes del grupo descienden de los balcones para sumarse al cierre, acompañando a la virgen de la Soledad hasta su llegada final, en un momento que describió como profundamente emotivo y de agradecimiento.
Juan Velázquez explicó que quienes deseen integrarse a este grupo deben cumplir con ciertas condiciones tanto técnicas como espirituales.
En el caso de los saeteros es necesario contar con manejo vocal y preparación en el canto, mientras que los pregoneros deben tener habilidades de dicción y capacidad para declamar sin dañar la voz.
Además, se solicita que los aspirantes se integren al grupo formal, cuenten con alguna experiencia previa dentro de la procesión y, sobre todo, compartan una convicción de fe.
No existe restricción de edad, ni género, por lo que pueden participar hombres, mujeres e incluso niños, siempre que cumplan con la preparación necesaria.
El proceso de preparación inicia después del Miércoles de Ceniza, cuando el grupo comienza reuniones periódicas para ensayar, seleccionar textos, que pueden ser propios y trabajar tanto en la técnica como en la parte espiritual, mediante momentos de oración.
Finalmente, en cuanto a la vestimenta, se solicita portar atuendo de luto.
Los pregoneros suelen vestir de negro, mientras que las saeteras adoptan indumentaria tradicional con mantilla y peineta, acorde al carácter solemne de la celebración.
Así, entre palabra, canto y silencio, estas voces continúan dando sentido a una de las tradiciones más profundas de San Luis Potosí.
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