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Las chancaquillas, una dulce herencia del Altiplano

Forman parte de la tradición gastronómica potosina desde la época virreinal y sobreviven como símbolo del ingenio rural y del sabor del campo

Foto: Especial
24/02/2026 |11:26
Jazmin Ramírez
Reportera multimedia en San Luis PotosíVer perfil

Pequeñas, rústicas y de sabor intenso, las chancaquillas son uno de esos dulces que resumen la historia del campo potosino en un solo bocado.

Elaboradas a base de piloncillo, pepitas y semilla de calabaza este producto típico del Altiplano potosino tiene raíces que se remontan al periodo colonial, cuando la caña de azúcar fue introducida a la Nueva España y comenzó la producción de panela en distintas regiones del país.

De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), el piloncillo es un endulzante no refinado obtenido a partir de la evaporación y concentración del jugo de caña de azúcar.

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Su producción artesanal se mantiene vigente en estados como San Luis Potosí, particularmente en comunidades rurales donde aún se utilizan moldes tradicionales y hornillas de leña.

Su nombre proviene de la palabra “chancaca”, término de origen náhuatl que hace referencia al azúcar morena solidificada.

¿Por qué son parte de la identidad potosina?

Más allá de su sabor intenso y ligeramente tostado, las chancaquillas representan una tradición transmitida por generaciones.

En ferias regionales, mercados municipales y fiestas patronales aún es posible encontrarlas envueltas en papel celofán o vendidas a granel.

Forman parte del amplio repertorio de dulces tradicionales mexicanos.

En una época dominada por productos industrializados, las chancaquillas sobreviven como testimonio del trabajo comunitario y del uso de materias primas locales.

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