En el corazón del Centro Histórico de San Luis Potosí, el callejón del Buche se convierte cada Viernes de Dolores en un espacio donde la tradición, la fe y la reflexión se entrelazan.
Este sitio, ubicado sobre la calle Altamirano, destaca por la forma en que sus habitantes transforman el entorno en un acompañamiento al dolor de la Virgen María.
Desde tempranas horas, las viviendas se cubren con telas en tonos blancos y morados, mientras que al exterior se instalan altares dedicados a la Virgen de los Dolores.

Las imágenes religiosas, flores, frutas y elementos simbólicos dan forma a una escena religiosa de una de las tradiciones más antiguas de San Luis capital.
Callejón del Buche, testimonio de la fe
Lo que distingue a este callejón no es sólo la estética de sus altares, sino la historia que hay detrás de cada uno de ellos.
Muchas de las imágenes que se exhiben han sido resguardadas por generaciones, convirtiéndose en piezas con gran valor familiar y espiritual.
Tal es el caso de la familia Ramírez, una de las más representativas de esta tradición.
Marisol Ramírez, quien ha vivido toda su vida en este lugar, explica que la costumbre ha sido heredada por más de un siglo.
“Soy la cuarta generación ya son más de 100 años con la tradición”, comentó para EL UNIVERSAL San Luis Potosí, al recordar que fueron sus bisabuelos quienes iniciaron con la colocación del altar, una práctica que ha permanecido hasta la actualidad.

Para ella y su familia, este acto va más allá de lo simbólico, pues representa una conexión profunda con su fe y una forma de enfrentar los momentos difíciles.
“Para nosotros representa mucho cuando tenemos un problema o una enfermedad acudimos con ella, con la Virgen y con Diosito, que son muy milagrosos”, expresó.
Figuras hasta con 100 años de antiguedad
En su hogar se conservan imágenes religiosas con más de 100 años de antigüedad, algunas incluso cercanas a los 120 años, que han sido cuidadas como parte del legado familiar.
“Todas tienen más de 100 años, hay una que tiene como 120 años y otras más de 100, son muy especiales para nosotros”, detalló.

El altar no sólo es un espacio íntimo para la familia, sino también un punto de encuentro para la comunidad. Durante todo el día, visitantes se acercan para observar, rezar o pedir algún favor.
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“Viene mucha gente a pedir les dejamos platicar con la virgen para que le piden lo que ellos necesitan muchos ponen su veladora y luego regresan a dar gracias”, explicó.
Según Marisol, a lo largo de los años han sido testigos de múltiples testimonios de fe, los cuales incluso han quedado registrados por quienes han recibido algún favor.
“Sí ha habido muchos milagros, tanto de la familia como de personas que vienen tenemos fotos y recuerdos de quienes regresan a agradecer”, comentó.
Se transmite a nuevas generaciones
Parte fundamental de esta tradición es su transmisión a las nuevas generaciones. Para la familia Ramírez, involucrar a niñas y niños en la preparación del altar es clave para su preservación.
“Nos sentimos muy orgullosos de conservar las imágenes y sí nos gustaría que siga la tradición, por eso desde pequeños los vamos involucrando”, señaló.
Incluso, relató cómo sus nietos ya participan activamente en los preparativos, desde el cuidado de los elementos decorativos hasta el montaje del altar.
Es por ello que el callejón del Buche no sólo se mantiene como un atractivo de la Semana Santa potosina, sino como un espacio donde la fe se hereda, se vive y se comparte.
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