Hay pueblos que se conocen caminando, otros que se descubren desde una carretera y algunos que parecen esconder una historia detrás de cada piedra.
Real de Catorce tiene un poco de todo.
El Pueblo Mágico del Altiplano potosino conserva las huellas de su pasado minero, construcciones de los siglos XVIII y XIX, tradiciones religiosas, paisajes desérticos y sitios relacionados con la cultura wixárika.
El recorrido comienza antes de entrar al pueblo.
El Túnel de Ogarrio, de aproximadamente 2.3 kilómetros, atraviesa la roca y funciona como acceso a Real de Catorce.
Cruzar sus paredes de piedra es prácticamente cambiar de escenario: atrás queda la carretera y adelante aparecen las calles empedradas, las antiguas construcciones y las montañas del Altiplano.
En el corazón del pueblo se encuentra la Parroquia de la Purísima Concepción, uno de los principales atractivos religiosos de Real de Catorce.
En su interior se encuentra la imagen de San Francisco de Asís, conocida popularmente como el “Santo Charrito”, que cada 4 de octubre es motivo de peregrinaciones y celebraciones religiosas.
Real de Catorce también puede recorrerse a través de sus edificios históricos.
Uno de ellos es la antigua Casa de Moneda, una casona que funcionó como tal entre 1865 y 1866.
Muy cerca se encuentra el Palacio Municipal, cuyo salón de cabildos fue construido en el siglo XIX.
Son vestigios de la época en la que la actividad minera convirtió a Real de Catorce en uno de los puntos más importantes de la región.
Las ruinas de las antiguas instalaciones mineras forman parte de otro de los recorridos más conocidos en los alrededores.
El llamado Pueblo Fantasma permite observar construcciones que recuerdan el pasado minero de la zona y que hoy forman parte del paisaje que distingue a Real de Catorce.
El recorrido por el centro también lleva hacia construcciones que hablan de la vida social del antiguo pueblo minero.
Entre ellas se encuentran la Plaza de Toros y el antiguo Palenque de Gallos.
Real de Catorce tiene además una dimensión que va más allá de sus edificios.
La zona está vinculada con Wirikuta, territorio sagrado para el pueblo wixárika y uno de los elementos que han dado al municipio parte de su identidad cultural y espiritual.
En este entorno también se encuentra el Cerro Quemado, sitio de relevancia dentro de la cosmovisión wixárika.
A este catálogo de atractivos acaba de sumarse uno nuevo: una escultura monumental de San Francisco de Asís, de 15 metros de altura, inaugurada este 18 de septiembre en el cerro del Orégano.
La obra, elaborada en cantera por artesanos, se suma a los sitios que pueden visitar turistas y peregrinos, pero la escultura es apenas una parada más. El pueblo también se disfruta desde sus alrededores.
Real de Catorce no termina en sus calles. Existen recorridos por los alrededores a caballo y en vehículos tipo Willys, con caminos que permiten conocer antiguos acueductos, torres mineras, haciendas y comunidades que forman parte del paisaje del Altiplano.