Este 25 de agosto, San Luis Potosí conmemora a San Luis Rey de Francia, santo patrono de la ciudad y personaje cuyo nombre quedó ligado para siempre con la identidad potosina, pero detrás del nombre de la capital hay una historia que mezcla religión, minería, monarquía y hasta una de las reliquias más importantes del cristianismo.
San Luis Potosí recibió el nombre de San Luis Rey en honor a Luis IX de Francia, mientras que la palabra Potosí surgió por la comparación de las riquezas mineras de la región con las famosas minas de plata de Potosí, en la actual Bolivia.
Luis IX nació en 1214 y llegó al trono francés cuando apenas tenía 12 años, tras la muerte de su padre, Luis VIII. Fue educado por su madre, Blanca de Castilla, y con el paso de los años se convirtió en uno de los monarcas más reconocidos de la Francia medieval.
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Su vida estuvo marcada por una profunda devoción religiosa y también por su participación en las Cruzadas. Murió en 1270 y fue canonizado en 1297 por el papa Bonifacio VIII.
Su figura trascendió la historia de Francia y llegó a la Nueva España, donde los fundadores eligieron su nombre para bautizar al nuevo asentamiento minero.
Aquí aparece uno de los detalles más curiosos de su representación.
La iconografía tradicional de San Luis Rey de Francia lo muestra como monarca, por lo que suele portar un cetro, símbolo de su autoridad como rey. Pero en la otra mano aparece uno de los elementos que más lo identifica: una almohadilla sobre la que descansa la Corona de Espinas de Cristo.
La presencia de esta corona no es casual, de acuerdo con fuentes históricas y religiosas, Luis IX adquirió la Corona de Espinas durante el siglo XIII y la trasladó a Francia.
La relación entre San Luis Rey y la capital potosina llegó incluso al escudo de armas de la ciudad, cuando San Luis Potosí recibió el título de ciudad, su escudo incorporó un cerro con barras de oro y plata y, en la parte superior, la imagen de San Luis Rey de Francia.
Por eso, cada 25 de agosto no solamente se celebra a un santo del calendario católico: también se recuerda al personaje que forma parte de la explicación de por qué una de las ciudades del país lleva el nombre de San Luis Potosí.
Y quizá la próxima vez que un potosino vea la figura del santo con su corona, cetro y almohadilla, pueda reconocer que no se trata de simples adornos: cada uno cuenta un pedazo de la historia de un rey francés que, ocho siglos después, sigue dando nombre y significado a esta ciudad.