Mientras la tradición católica del Jueves Santo invita a recorrer siete templos como acto de fe, en San Luis Potosí ha surgido una práctica paralela que ha ganado popularidad con el paso del tiempo: la "visita a los siete bares”, una dinámica que durante 18 años se ha realizado de manera ininterrumpida en el Centro Histórico.

Este recorrido, completamente informal y sin organización oficial, se ha convertido en una alternativa que mezcla convivencia, historia y fiesta, atrayendo tanto a potosinos como a turistas nacionales y extranjeros que buscan vivir una experiencia distinta durante la Semana Santa.

Inspirada simbólicamente en la ruta religiosa que representa los momentos previos a la crucifixión de Jesús, esta versión urbana propone visitar siete cantinas emblemáticas de la ciudad.

A lo largo del trayecto, los participantes no sólo consumen bebidas, sino que también recorren espacios que forman parte de la identidad tradicional potosina.

El itinerario suele comenzar alrededor de las 12:00 horas en el bar Escalón, para continuar por establecimientos como Reforma, La Morena, El Radio, Peñasquito, El Moro y concluir en El Puerto de Mazatlán.

Cada uno de estos sitios ofrece un ambiente particular desde cantinas con décadas de historia hasta espacios con siglos de historia.

Aunque no existe una cuota para integrarse al recorrido, la dinámica consiste en consumir al menos una bebida en cada parada.

En términos generales, el costo de una cerveza ronda entre los 35 y 45 pesos, mientras que los cocteles o bebidas preparadas pueden variar entre los 100 y 200 pesos, dependiendo del lugar.

Uno de los elementos que distingue esta experiencia es la ambientación musical. En varios de los bares se presentan grupos en vivo, como tríos o conjuntos norteños, lo que genera un ambiente festivo a lo largo del recorrido. En estos casos, es común que los asistentes aporten propinas a los músicos como parte de la experiencia.

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Además de su carácter recreativo, esta práctica también representa un impulso para la economía local, al favorecer el consumo en negocios tradicionales que forman parte del tejido cultural del Centro Histórico.

Con el paso de los años, la ruta de los “Siete Bares” ha dejado de ser una actividad aislada para convertirse en una costumbre cada vez más reconocida dentro del contexto de la Semana Santa potosina.

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