La noche del 29 de junio, Alejandra hizo lo que había hecho tantas veces: salió a trabajar.
Como cualquier otro día, su familia esperaba verla regresar a casa al terminar su jornada. Pero esa noche la puerta nunca volvió a abrirse para ella.
En la calle Río Lerma, en la unidad habitacional El Arbolito, ubicada en la colonia Arbolitos de la capital potosina, la vida de Alejandra terminó tras ser atacada a balazos.
Minutos después comenzaron a llegar las patrullas, las unidades de emergencia y el personal de la Fiscalía General del Estado. Servicios Periciales acordonó la zona y procesó la escena mientras agentes de la Policía de Investigación iniciaban la carpeta correspondiente para esclarecer el crimen.
La Fiscalía confirmó el fallecimiento de una mujer en ese sitio e informó que se realizarían las investigaciones para identificar a los responsables.
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Pero mientras la carpeta comenzaba a integrarse, otra historia empezaba a escribirse, la de una familia que de un momento a otro tuvo que aprender a vivir con una ausencia imposible de llenar.
Tres días después, el silencio de la casa fue sustituido por mensajes, fotografías y recuerdos compartidos en redes sociales.
Fue su hermana, Jessica Soto, quien la despidió con un mensaje contundente en redes.
“Salió a trabajar como cualquier otro día. Sin embargo, esa noche ya no volvió a casa. Hoy nos falta una más, su nombre es Alejandra. Hoy no solo se busca justicia para ella, sino también para mi familia que jamás imaginamos pasar por este dolor.”
En otra publicación dejó un mensaje que rápidamente comenzó a ser compartido por decenas de personas.
“No podemos acostumbrarnos a vivir con violencia ni a despedir a quienes amamos sin saber si volverán algún día a casa. Ninguna mujer debería salir a trabajar y no regresar a casa.”
Las despedidas continuaron, sobrinos, familiares y amigos comenzaron a publicar fotografías acompañadas de mensajes que recordaban la alegría con la que Alejandra era conocida.
“Decir que eres una tía especial se queda corto…”, escribió uno de ellos.
Entre lágrimas, abrazos y música, su familia decidió despedirla con cumbias.
Al ritmo del Sonido La Rumba 2000, quienes la conocieron aseguraron que esa era la manera en que ella hubiera querido ser recordada: con la música que tanto disfrutaba.
“Si a la gente le da consuelo despedir a sus seres queridos, no nos critiquen. Así despedimos a mi amiga la More.”
Hoy, mientras las investigaciones continúan, el duelo permanece abierto.
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La familia de Alejandra insiste en que su caso no puede convertirse en un expediente más archivado o en otro crimen sin resolver.
Más allá de exigir justicia para ella, piden que ninguna otra familia tenga que vivir el mismo dolor. “Que ninguna mujer vuelva a salir a trabajar sin la certeza de regresar con vida a casa”, es el mensaje con el sentencian en redes sociales.