BENI, República Democrática del Congo.- Con apenas dos meses de edad, Lahya Kathembo se quedó huérfana en un día. Su madre sucumbió al ébola un sábado por la mañana. Al atardecer, su padre había muerto también.
La pareja llevaba más de una semana enferma cuando los trabajadores médicos lograron convencerlos de que buscaran tratamiento, según sus vecinos. Creían que lo que les pasaba era fruto del trabajo de gente que sentía envidia de su hija recién nacida, informó un líder comunitario, y acudieron a un curandero espiritual tradicional.
El brote de ébola registrado en el este de República Democrática del Congo está causando estragos en Beni _una ciudad en expansión y de unos 600 mil habitantes_ en parte porque muchos de los infectados eligen quedarse en sus casas. Al hacerlo, contagian sin querer a las personas que los cuidan y a quienes lloran su muerte.
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