06 / diciembre / 2021 | 06:30 hrs.

India y Pakistán, dos potencias nucleares, en tensión

Las dos potencias nucleares enfrentan tensiones y los países que podían mediar en la crisis ya no lo hacen

Foto: EFE
Mundo 04/03/2019 09:23 El Universal Actualizada 09:23

Hace algunos años le pregunté a Colin Powell, secretario de Estado de Estados Unidos, cuál había sido el momento de mayor tensión que había vivido en su carrera diplomática y militar. Sin dudarlo un segundo me contestó que fue durante sus gestiones para desactivar una guerra nuclear entre la India y Pakistán. Esto sucedió en 2002, cuando Nueva Delhi inició la movilización de un millón de efectivos militares a la región de Cachemira.

La diferencia entre ese momento y las tensiones que hoy observamos entre esas dos potencias del sur del Asia es que en ese entonces Estados Unidos podía influir eficazmente ante ambos gobiernos. Hoy día, Washington ha perdido esa capacidad. En el ánimo de generar contrapesos contra China, Estados Unidos ha inclinado su alianza hacia el vecino más incómodo que tiene —India— eliminando su cooperación militar y económica con Pakistán. Para ser un mediador eficaz, se requiere contar con la confianza de las dos partes en conflicto, y el gobierno de Donald Trump no goza de esa indispensable confianza.
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Las otras grandes potencias, Rusia y China, tampoco son equidistantes entre Islamabad y Nueva Delhi. India, especialmente, miraría con recelo fórmulas de pacificación auspiciadas por cualquiera de esas dos naciones. La comunidad internacional tendrá que buscar una fórmula diplomática urgente y efectiva para evitar una conflagración mayor entre el segundo y sexto ejércitos más poderosos del mundo. El escenario se complica aún más por la inminencia de elecciones generales en la India y la presión de que es objeto el primer ministro de India, Narendra Modi, para realizar una demostración de fuerza contundente frente a Pakistán.

Así las cosas, el potencial para un nuevo conflicto armado es quizás el mayor desde la guerra abierta que libraron ambos países en 1971 y que derivó en el nacimiento de Bangladesh (antes Pakistán Oriental). Desde luego, el escenario de más alto riesgo sería que alguna de las partes recurriera al uso de armamento nuclear. Ambas potencias cuentan con un arsenal equivalente de unas 150 ojivas atómicas: armamento de sobra para aniquilar al contrario. Pakistán lleva más de dos décadas cultivando alianzas nucleares con países de la zona. De hecho, los programas atómicos de Corea del Norte y de Irán serían impensables sin el apoyo tecnológico y material de Paquistán. El Dr. Khan, el padre de la bomba paquistaní, participó en el mercado negro de material radioactivo hacia esos dos países.

Después de las fallidas negociaciones de esta semana en Vietnam para lograr la desnuclearización de Norcorea, ese país mirará con especial interés el tratamiento que recibe Islamabad por parte de Estados Unidos para calibrar su estrategia negociadora frente a Donald Trump.

Aunque son tiempos y tensiones distintas, convendría conocer más a fondo la receta que aplicó en su momento Colin Powell y trasladarla de manera urgente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En ese foro, tanto India como Pakistán podrán medir el pulso de la comunidad mundial frente a sus diferencias y, si hay talento suficiente, ayudar a que ambas potencias asiáticas salven cara ante sus ciudadanías y obtengan las garantías necesarias para abortar un conflicto de consecuencias incalculables.

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