Porfirio Muñoz Ledo inició el periodo ordinario de sesiones comparado con el dictador Porfirio Díaz. Ayer salió entre vítores, en un pleno de la Cámara de Diputados apoteósico.

Renunciar a la Mesa Directiva de la Cámara, el objeto de deseo de las bancadas en San Lázaro, lo colocó de nuevo en el papel de estadista que nadie le regateó en el debate, pero del que se dudaba.

“¡Qué triste sepultar una carrera de servicio así, aferrado al poder!”, le recetó con rudeza la diputada panista Dulce Alejandra García Morlán casi al inicio del debate de reformas que fueron presentadas ayer por Morena, discutidas y a punto de ser votadas de forma exprés.

Esa bancada mayoritaria proponía retener la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara Baja año y medio, de ahí la alusión a la reelección del “nuevo Porfirio Díaz”, y que el resto de la Legislatura se repartiera para otras bancadas: PANPRI PT.

Esa salida, que no daba al PAN el año exigido por ley, pero sí medio año, no satisfizo al blanquiazul, que desde el sábado, en sesión preparatoria donde Muñoz Ledo quedó como presidente camaral cinco días, comenzó la denuncia en carteles: “Porfirio Muñoz Ledo= Porfirio Díaz”.

Por eso la crudeza del debate, y quizá las más duras, las mujeres legisladoras. Panistas, priístas y perredistas, eso sí, reconocieron en Muñoz Ledo su papel en la historia, aunque le cuestionaron su comportamiento presente, que lejos de garantizar la unidad de la Cámara Baja, la dividió.

“Don Porfirio, decano de la educación, impulsor de la reforma del Estado, el que entiende la diferencia entre un régimen y un sistema político, no concluya así su carrera”, le atizó la priista Cynthia Iliana López Castro: “El tribuno Muñoz Ledo quiere cerrar su carrera con un atentado a la democracia. Ojalá que si busca presidir la Mesa Directiva esté presente” pidió al aire, pues Muñoz Ledo hacía horas que estaba ausente. Cinco horas dejó la conducción de la Cámara Baja a Dolores Padierna, la vicepresidenta que hoy, tras la renuncia ejercerá, de presidenta temporalmente.

“¿Para eso quería ser presidente Porfirio? ¿Para no estar? Están perdiendo la legitimidad y la credibilidad”, le pegó la panista Saraí Núñez Cerón: “Nunca han tenido mayoría, hicieron mayoría para seguir violando la ley. No a la Ley Porfirio” acusó la antigua compañera de luchas de Muñoz Ledo, Guadalupe Almaguer (PRD).

El panista Miguel Alonso Riggs se lanzó más allá: “Si los diputados de Baja California son unos traidores, déjenme decirles que el legislador Muñoz Ledo es igual o hasta peor de traidor”.

Los riesgos para la democracia “con la reelección de Muñoz Ledo” son que de nueva cuenta se hace una ley a la medida, una ley con dedicatoria, acusó también el perredista Antonio Ortega.

Porfirio Muñoz Ledo escuchó. Contó 100 menciones, unas amables, otras críticas, algunas injuriosas: “He escuchado con cuidado a los oradores durante estas horas y he reflexionado”, sentenció, dimitió al cargo y todo cambió.

“Don Porfirio, para una razón de Estado, un hombre de Estado. Quiero subrayar mi admiración y mi afecto y mi gratitud a la persona de Porfirio Muñoz Ledo. Desde hace muchos años hemos compartido causas”, expuso el líder panista Juan Carlos Romero Hicks en un cambio en el discurso, pero acorde al viraje.

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