Los niños fantasma de las estancias infantiles sí existen, pero los servidores de la nación no los ubican porque van a censarlos cuando sus madres están en el trabajo y no hay quien los atienda.

Muchos de esos niños no aparecen en el censo de beneficiarios porque personal de la Secretaría de Bienestar no hace bien su trabajo o trata de justificar la afirmación de que son inexistentes más de 93 mil menores inscritos en el programa de Estancias Infantiles.

Así lo sostienen directoras de estos centros y madres que, a pesar de cumplir con los requisitos, no reciben la ayuda de mil 600 pesos bimestrales del Programa de Apoyo para el Bienestar de Niñas y Niños, Hijos de Madres Trabajadoras.

Según la coordinación estatal del programa, la semana pasada se empezó a entregar el apoyo a 54% de los hijos de madres trabajadoras que recibían el beneficio de Estancias Infantiles.

Sin embargo, Dulce Reyna, líder del grupo que se amparó con apoyo del partido Movimiento Ciudadano para que se respete el esquema anterior, señala que en el nuevo censo sólo se incluyó a la mitad de los 4 mil 200 niños que estaban en el programa.

Daisy Hernández, madre soltera originaria de Tamaulipas, es una de las personas que necesita del apoyo para llevar a su hijo de tres años a la guardería La Casita de Tía Ofe. Pese a sus esfuerzos y a que —asegura— tiene todos sus papeles en regla, no ha logrado que la incluyan en el padrón.

Ella dice que el personal de la Secretaría de Bienestar la trae dando vueltas y nada le resuelve, sólo le dan promesas, aunque ya una señora le comentó: “Le voy a ser sincera, no le van a dar nada”.

Daisy no entiende por qué si el presidente Andrés Manuel López Obrador dice que “primero los pobres”, ha sido una particular, la dueña de La Casita de Tía Ofe, quien la ha apoyado al cuidar a su niño.

La joven madre cubre con dificultades 250 pesos semanales y dice que “ni de chiste” podría pagar 450 pesos sin subsidio federal.

“En La Casita de la Tía Ofe me han apoyado, pero ya no pueden estar trabajando gratis, el niño va a tener que salir de la estancia, yo me lo tendría que llevar a Tamaulipas o a Coahuila, donde tengo familiares y a mis padres, porque aquí no tengo quien lo cuide mientras trabajo; o lo mando allá o yo también me voy”, lamenta Daisy.

La maestra Ofelia, propietaria de La Casita de la Tía Ofe, afirma que en 12 años había trabajado bien con los diferentes gobiernos, pero no con el actual, y critica que las autoridades denunciaron la inexistencia de más de 80 mil niños en el país. “Ahí están los fantasmas”, dice mientras dirige la vista al salón donde se oye el barullo de una veintena de niños.

Comenta que en su estancia había 35 beneficiarios de Sedesol, pero cuando el nuevo gobierno cesó de entregarles el subsidio dejó de asistir 30%. De los 22 o 23 que aún van, sólo cinco han obtenido el nuevo apoyo, a ocho no les ha llegado y a unos 10 no fueron a censarlos. En cambio, sabe de mamás que desde noviembre no llevan a sus niños, pero sí tienen subsidio.

Asegura que dueñas de otras guarderías con las que tiene comunicación le dijeron que algunas de las mamás que ya recibieron el apoyo avisaron que no van a pagar estancia.

Dulce Reyna, directora de Mi Dulce Estancia, líder del movimiento en defensa de los 211 establecimientos que tenían niños inscritos en el programa de Sedesol, coincide en señalar que no todos los papás fueron censados, “fue un trabajo a modo, para marcar a los niños como fantasmas y justificar lo que decían de la corrupción. En mi guardería son 20 niños y sólo cuatro han recibido el recurso, los demás están marcados como inexistentes”.

Señala que el nuevo esquema hace incosteables las estancias, pues al cobrar como negocio particular y no como proyecto social, las madres deciden si pagan o no por el cuidado de sus hijos, mientras que una proporción de las que no han recibido el recurso no pueden cubrir la mensualidad.

“Es un padrón clientelar, porque les están pidiendo muchos datos a los padres”, concluye.

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