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El mundo desde los ojos de los niños rarámuris

Menores de la comunidad de Choréachi plasman en lienzos su forma de vida y sus tradiciones, como parte de una estrategia para preservar su cultura
Foto: CORTESÍA ASMAC
26/01/2020
11:45
El Universal
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Guadalupe y Calvo, Chih.- En las manos cobrizas de niños y adolescentes rarámuris, el café, la cúrcuma, el carbón y el azúcar se convierten en pinturas con las que atrapan las formas y colores de las mil especies de plantas y 120 de aves migratorias de Choréachi, su comunidad, su mundo.

Los Choréachi, considerados rarámuris gentil o cimarroni, porque no han permitido el bautizo en la Iglesia católica, habitan entre las montañas, a 15 horas de la capital del estado. Para ellos, el mundo y la montaña son lo mismo, por eso la definen con una sola palabra: simonalamona. Tampoco entienden de la separación entre el arte y la vida; sus tradiciones ancestrales son por sí mismas una obra de arte.

La artista visual Lourdes Sosa, trabajó con más de 850 personas de esta comunidad, en su mayoría monolingües, a quienes invitó a plasmar su cultura en lienzos a base de manta y pinceles hechos con cabello natural y ramas.

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Para los habitantes de Choréachi, ubicada a 15 horas de la capital del estado, el mundo y la montaña son lo mismo, por eso la definen con una sola palabra: simonalamona. Foto: CORTESÍA: ASMAC 

El proyecto se conoce como “Acciones de intervención para el fortalecimiento del sistema normativo interno de Choréachi, a través de la expresión policromática” y se realizó por iniciativa del siríame segundo, es decir, del gobernador segundo tradicional rarámuri, Ángel Manchado.

La iniciativa del siríame segundo fue apoyada por el Programa para el Desarrollo Integral de las Culturas de los Pueblos y Comunidades Indígenas (Prodici) de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Chihuahua, cuyo objetivo es otorgar apoyos económicos para el desarrollo de proyectos que fortalezcan la creación y el trabajo cultural y artístico de las comunidades indígenas.

Solos contra el mundo. Con la asesoría de Alianza Sierra Madre A.C., Luly logró conectarse con los indígenas de Choréachi, una comunidad que ha resistido embates de violencia, pugnas por la defensa de su territorio, el deterioro de sus recursos naturales, la escasez de alimentos, la preservación de su cultura y el reconocimiento de esta como legado milenario de uno de los pueblos originarios de Chihuahua.

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Los Choréachi son considerados rarámuris gentil o cimarroni, es decir, que no han permitido el bautizo de la Iglesia católica. Foto: CORTESÍA ASMAC

Con una serie de talleres, Luly orientó a los más jóvenes de la comunidad a conocer la estructura de sus autoridades y rememorar la defensa del pueblo, todo encaminado a expresarse a través de la pintura y el dibujo.

“En muchos de los dibujos se ven en el cielo helicópteros dentados o, como ellos les dicen: ‘boludos’, como algo amenazante, o ‘polvaneras’ causadas en su territorio por la tala indiscriminada e ilegal”, explicó la tallerista.

Además de las amenazas y daños expresados a través del arte, se observaron también simbologías identitarias, como figuras humanas “flotantes”, es decir, personas que no tocan el suelo con sus pies, y que ella relaciona con el término de “pies ligeros”, que identifica a la gente rarámuri.

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Al pie de un árbol, un pequeñito recrea su mundo de diversión con materiales que encuentra a su alrededor. Foto: CORTESÍA ASMAC

“Se trata de simbolismos que se parecen más a los códices, como el negro como color de respeto, el círculo que encierra las figuras o los paisajes como una forma de englobar o proteger, o letras y números con otros significados, resolviéndose como seres-figuras”, precisó Luly Sosa.

El trabajo derivó en casi 100 obras, de las cuales 50 fueron seleccionadas para formar parte de la exposición Sepoli Kuchuwala (Hijos de las Estrellas), protectores del bosque: Choréachi, mismas que narran emotivas historias de la vida en el bosque, la niñez rarámuri, el respeto ante una autoridad que se manifiesta de manera horizontal y no jerárquica, las tradiciones generacionales, el paisaje con ríos, árboles, montañas, y la autonomía de un pueblo que no ha perdido su esencia.

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En la exposición Hijos de las Estrellas , los menores abordan historias de la vida en el bosque y el contacto con la naturaleza. Foto: ESPECIAL 

La exposición Hijos de las Estrellas, curada por la misma tallerista Luly Sosa, se exhibe en la Sala de los Municipios de la Plaza Cultural Los Laureles, en la ciudad de Chihuahua, donde los “chabochis” o mestizos pueden acercarse a conocer la cultura de un pueblo sobreviviente, pues sus habitantes mantienen la lucha legal por su territorio y bosque, por lo cual han podido conservar su rica flora y fauna.

 

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La artista Lourdes Sosa invitó a más de 850 personas a plasmar sus tradiciones con pinceles de cabello natural. Foto: ESPECIAL

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