La idea de un militar en la Presidencia de la República, ya sea un general retirado o incluso en activo, se formuló primero en Palacio Nacional y después salió directamente del Palacio de Bucareli. Hace unas semanas el secretario Adán Augusto López mandó sembrar esa idea entre opinadores y analistas que la esbozaron sin mucho ruido en algunos medios; luego el propio titular de Gobernación, operador personalísimo del presidente López Obrador, la soltó el pasado sábado en el Congreso local de Hidalgo, a donde acudió justamente a defender y apoyar la militarización del país con la reforma al artículo 5o. Transitorio de la Constitución que está siendo discutida y votada por los Congresos de las entidades federativas.
 
“Desde luego que un militar puede participar en tareas políticas y puede tener aspiraciones políticas, incluso ser presidente de la República, pero deberá participar en cuestiones electorales y someterse a las urnas”, comentó el responsable de la política interna ante los legisladores hidalguenses, ante los cuales, irónicamente negaba que el país se encuentre sometido a un proceso de militarización.
 
La declaración pública y explícita, viniendo de un hombre tan cercano al presidente, no deja lugar a dudas: la instrucción de sembrar en la opinión pública y en el imaginario de los mexicanos la posibilidad de que un general vestido de verde olivo gobierne al país no puede ser sino de Andrés Manuel López Obrador. Falta descifrar si el mensaje es un mero distractor; es un “Plan B” para la sucesión presidencial de 2024, en caso de que el país caiga en caos y al presidente se le complique su sucesión; o es tan sólo un dardo envenenado para sondear el ambiente en favor del endurecimiento del poder y el apoyo popular al Ejército y a los militares, cuya función primordial como “un pilar” de la llamada 4T ya es también un plan transexenal.
 
Los dos López, Obrador y Adán Augusto, junto con la cúpula militar que hoy prácticamente cogobierna el país, saben muy bien que un amplio sector social y popular de los mexicanos que hoy viven agobiados por la violencia, la crisis económica y el caos de inseguridad y desorden que se vive en la República, procesarían fácilmente la idea de que un candidato militar pudiera competir en las próximas elecciones presidenciales y representar una opción de “mano dura, orden y eficacia” para un electorado harto de los partidos políticos, todos, y cada vez más desencantado y decepcionado de una democracia que no necesariamente ha mejorado su situación económica y social.
 
Lo que no está muy claro todavía es por qué justo en este momento deciden sondear a la opinión pública sobre un tema que fue tabú en el viejo sistema de la Revolución, donde después de los gobiernos de los generales, que terminaron con los sexenios de Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho, se volvió una regla no escrita del sistema priista, que los militares en activo no debían hacer política y que si acaso los generales retirados podían ocupar algunos cargos de representación popular, diputaciones federales principalmente, pero jamás se permitía hablar, ni siquiera pensar en un general como candidato a la Presidencia.
 
¿Qué busca López Obrador al romper también ese tabú, como de hecho ya ha acabado con muchos otros del viejo régimen al que paradójicamente se parece cada vez más su gobierno? Una posible respuesta es que quiera tener un “Plan B” para su sucesión presidencial y que si ésta se le sale de control y hay una ruptura grave en su movimiento que debilite a sus tres “corcholatas” actuales (Claudia Sheinbaum, Adán Augusto y Marcelo Ebrard), entonces pueda tener un as bajo la manga y sacar a un general como candidato presidencial.
 
Esa respuesta también aplicaría en caso de que se desatara un caos mayor en el país, con un agravamiento de la violencia del narcotráfico, una recesión como la que se está pronosticando ya en Estados Unidos que arrastre a la economía mexicana y al peso, o incluso una abierta injerencia externa, principalmente de Washington para buscar afectar a su movimiento en las elecciones presidenciales. En ese escenario también la apuesta por la “mano dura” de los militares podría ser un plan alterno del inquilino de Palacio.
 
La otra posible explicación para lanzar en estos momentos una idea tan provocadora, como la de ver la banda presidencial atravesando el pecho de un general de verde olivo, es que, para ratificar su respaldo y alianza política con las Fuerzas Armadas, a las que quiere incondicionalmente a su lado para la continuidad de su gobierno, López Obrador siembre la idea de que un militar tiene derecho a competir en las elecciones presidenciales para confirmarles a las élites castrenses el respaldo y confianza absolutas que les profesa el presidente, y de paso provocar y hacer rabiar a sus opositores y críticos que cuestionan sobre la “militarización del país”.
 
En cualquier caso, la semilla está sembrada y nada menos que por el hombre fuerte del presidente, como es Adán Augusto López. Si a eso se le añade como han estado abonando el terreno con las decenas de tareas y responsabilidades civiles que hoy ya realizan el Ejército y la Marina, los presupuestos cada vez mayores para las Fuerzas Armadas, y el discurso constante y reiterado sobre “la honestidad y efectividad de los militares”, es muy probable que muy pronto empiece a germinar, ahora en la política nacional, un árbol nuevo, de color verde olivo y con estrellitas doradas como frutos.

NOTAS INDISCRETAS

Y hablando de militares, fuentes muy bien enteradas nos confirman un dato del que ya se tenía cierto conocimiento pero no con total puntualidad: que el embajador de Venezuela en México, Francisco Arias Cárdenas, no sólo fue compañero de lucha y fundador de la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez, al haberlo acompañado desde el golpe de Estado que dieron juntos en 1992 contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, sino que ya en el gobierno de Chávez, Arias Cárdenas, además de general del Ejército bolivariano, también fue “asesor principal” del presidente Chávez. Si ya la aceptación de las cartas credenciales del actual embajador venezolano, designado personalmente por Nicolás Maduro, sin el consentimiento de la Asamblea Nacional de Venezuela, fue interpretada en agosto de 2019 como la confirmación del respaldo total del gobierno de López Obrador a la dictadura de Maduro, ahora habría que ver si la presencia en México del general chavista y exasesor presidencial, es solo con motivos diplomáticos o si su experiencia militar en la revolución chavista también cumple algún objetivo en México.

Y de paso sería bueno que se revisaran los perfiles de los embajadores y diplomáticos acreditados en México de países como Nicaragua, Bolivia y Cuba, no vaya a ser que todos ellos también estén mandando generales y militares especialistas por una parte en hacer revoluciones sociales, pero también en sofocarlas… Vaya reversa la que metió ayer la polémica gobernadora de Campeche, Layda Sansores, después de que había anunciado el fin de semana en sus redes sociales, que en su próximo show de los “Martes del Jaguar”, que es como una mañanera semanal, pero mucho más guapachosa, estridente y excéntrica, iba a balconear conversaciones privadas del líder morenista del Senado, Ricardo Monreal, la mandataria campechana de pronto tuvo que autocensurarse y decir que “para no prestarse a interpretaciones equivocadas” mejor cancelaba la exhibición de espionajes telefónicos que involucran a Monreal.

La realidad es que Layda tenía listas grabaciones en las que Ricardo Monreal hablaba con Alejandro Moreno Cárdenas, líder del PRI y hacía acuerdos para las elecciones de junio de 2021 en Campeche, que terminó ganando en la mesa del Tribunal Electoral Layda Sansores, quien ahora pretendía acusar al zacatecano de que había traicionado a Morena en su estado. Pero al final, a doña Layda le pasó lo que a la pastorcita que iba contando anticipadamente sus ganancias (en este caso políticas) y después de su anuncio Monreal dijo en un video que “se avecina una guerra intestina” en la 4T y deslizó la posibilidad de una ruptura, lo que bastó para que a la gobernadora le llamaran desde el Palacio de Bucareli para decirle que sus revelaciones contra el líder del Senado no podrían salir al aire, al menos por ahora. Lo malo es que Sansores, que ya se declaró abiertamente “claudista” no podrá darle buenas cuentas a su candidata…

Los dados abren semana con Escalera Doble. Bueno el tiro.

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